Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

YO ME FÍO DE AL GORE

 

 

Podría decirte que soy inmune a todo,
pero eso es mentira.
El polvo no se convierte en flores.
Los cielos no desaparecen,
pero he visto la verdad convertirse en poder.

Truth to power, BSO “Una verdad muy incómoda”

 

 

No depende de mí, decimos. No puedo hacer nada o casi nada, pensamos. No está en mis manos, creemos. Y lo cierto es que nos equivocamos de cabo a rabo, por pereza o por irresponsabilidad, o por las dos cosas a la vez. Hablo del cambio climático por la acción del hombre, de lo que eso ya nos está afectando, y de lo que nos afectará en el futuro. Para mí no hay duda de que es un asunto grave que nos concierne a todos. Ya estaba aquí desde hace tiempo pero lo ignorábamos. Y ahora está aquí de forma cada vez más visible y apremiante.

Pensé mucho en todo esto el verano pasado: las noticias sobre temperaturas y sequías eran escalofriantes. Se decía que la España verde era  ya como la España seca y que  la España seca se estaba  convirtiendo  en un desierto. Ahora, en pleno otoño, seguimos como en pleno verano, y tan contentos. A mi me parece una locura pero, que se le va a hacer me dicen. Se mira para otro lado ante algunos fenómenos comprobados y alarmantes: las temperaturas globales han venido aumentando de manera sistemática desde 1880; el nivel del mar ha aumentado  20 cm desde comienzos del siglo XX…Nada, no nos inmutamos y por si faltara poco ahí  tenemos a Trump retirando a Estados Unidos   del Acuerdo del clima alcanzado en París. ¿A qué esperamos para actuar?

 

 

El viernes pasado  fui  al estreno comercial de la película de Al Gore sobre el calentamiento global. Había oído que daba un toque a Trump; bien pensé. Saqué las entradas con antelación pensando en un llenazo pero éramos cuatro gatos. A muchos no les interesan estas cosas y hay otros  que piensan que Al Gore es un ególatra, no se fian de él. A mi sin embargo el documental me interesó y me gustó. Me fío de Gore y le agradezco que, en vez de dedicarse a jugar al golf y a vivir de las rentas de su pasado político, dedique su tiempo y su vida a luchar por el planeta. Me atrevo a recomendaros que vayáis a ver “Una verdad muy incómoda” que es el título de esta segunda parte de su mensaje cinematográfico. El documental es  una exploración visual del dónde y el cómo se encuentra el planeta ahora mismo: calles inundadas en Miami Beach, glaciares de Groenlandia derritiéndose dramáticamente, áridos paisajes en los que antes prevalecía la opulencia vegetal, o largas praderas cubiertas de matojos en las que hasta los ochenta había solo hielo. Un desastre. Los gráficos y el “power point” del anterior documental han dejado paso a un Al Gore más   metido en política, más seguro de si mismo me parece a mi,  aunque un tanto decepcionado: piensa que no le hacen el caso que se merece. ¿Ególatra?; sí algo hay seguramente de egolatría en esa necesidad de estar en todas partes, pero lo que importa realmente es si tiene o no razón y desgraciadamente hay que pensar que la tiene. “Ahora o nunca” es el mensaje.

Si hubiera podido hablar con Gore, estábamos él y yo prácticamente solos en el cine Renoir, le habría trasladado esa preocupación mía: ¿ qué podemos hacer tipos como yo y mis lectores  para evitar el desastre que anuncia en su documental ?. A falta de sus respuestas he acudido a   dos  expertos de menos fama  para que me echen una mano. Uno es un eminente profesor de la Pontificia y otro es mi primogénito. Los dos saben bastante de estas cosas y de lo que me hablan es, por ejemplo,  de consumo responsable. Hay que comer menos carne y reducir los alimentos que descartamos. Una medida de sentido común en todos los aspectos. Por cierto Gore se declara vegano aunque no quiere hacer propaganda de ello. Hay que procurar   reducir el consumo de energía y recurrir, en la medida de lo posible a nuestras posibilidades, a las energías renovables. Me dicen que deberíamos y podríamos cambiar sensiblemente nuestros hábitos de transporte: coger cada vez menos el coche privado y utilizar más el transporte público, o manejarnos en bicicleta por nuestras ciudades….

Elegid una, al menos una, de estas  propuestas y comprometeos con ella. Si lo hacéis esta entrada habrá servido quizás para algo. Y daos prisa para ir a ver el documental de Al Gore; pronto lo quitarán de las carteleras. Acordaos de lo que pasó en el estreno.

 

LA ETERNIDAD EN UN INSTANTE

 

Tu que estrenas a diario una nueva vida… cediendo el paso que es tu filosofía…eres niño más que diez a tus años todavía…si tu no vas al cielo nadie iría….”

Canción de Felipe del Campo dedicada  a su padre

 

 

 

Caía la tarde de un día casi otoñal del pasado mes de agosto en un bosquete de manzanos en Pola de Nava en Asturias, en torno a la casa de Luis Suárez y Mamen. Como todos los veranos estábamos reunidos allí un grupo de amigos para recordar a otro amigo muy querido que se nos murió hace unos años. Disfrutamos hablando de él, de su ingenio, de excursiones compartidas, de recuerdos, de las historias que nos contaba. Nos gusta estar juntos, cerca, alimentados y contagiados por una nostalgia suave y alegre, enlazados por la amistad y el recuerdo.

Se oyen unos compases: es Felipe del Campo que ha cogido su guitarra y empieza a entonar una melodía. Canta muy bien, con gusto y sentimiento. Ya nadie habla, Felipe se “queda con nosotros”, y nosotros con él, nos transporta a otro mundo. Vemos que su hermano Tomás sigue con los  dedos y con los gestos el ritmo de la música  y no tarda en ponerse también a cantar. Se sucede una canción tras otra. Ya somos todos los que cantamos, mejor o peor, da igual, cuando Felipe cada vez más alegre e inspirado, empieza a caminar por el prado con su guitarra en bandolera sin parar de cantar y cantar. Se levanta Tomás y le sigue simulando un sonido perfecto de trompeta que sale de sus labios, otro se levanta y le sigue, ya todos le seguimos, no podemos hacer otra cosa, nos llevan, nos dejamos llevar. Nos sentimos todos unidos por el paraíso que encontramos en ese instante, en el lugar al que nos han llevado los hermanos del Campo que supieron leer como ninguno de nosotros el momento… Y llevarnos.

Escultor, músico, pintor, Felipe, a quien conozco desde hace tiempo, es un artista completo y un gran montañero. De mirada viva y alegre, abierto y campechano es también un  buen amigo. A Tomás lo empiezo a conocer en ese instante mágico que se creó, que nos crearon ellos, que hicimos todos casi sin darnos cuenta. Tomás es la vuelta de Felipe, son iguales y distintos, son hermanos. Estos dos “pájaros” asturianos, listos y conectados por un hilo invisible, sin mediar una palabra, nos cogieron de la mano, aquel día, aquella tarde, aquel momento, nos subieron a su música, nos llevaron a ese sitio donde quisiéramos estar siempre, a ese instante que todo lo cura, que dura tan poco como el resto de tu vida, que ya no se olvida… Tal vez solo puede ocurrir en un momento determinado, cuando todo está preparado para ello, y unos duendes te saben guiar.

Aquel momento, que todavía puedo sentir hoy,  me lleva ahora a la canción que Felipe hizo a su padre, Gonzalo del Campo. De él me hablaron cuando yo mostraba mi admiración por los dos hermanos: “la gracia, el carácter, la sensibilidad cultural y sobre todo la alegría la han heredado de su padre”, me decían. Felipe le ha dedicado una canción preciosa, una canción que he escuchado ya varias veces. Me gusta oírla y vosotros tambien disfrutareis con ella si pinchais en el enlace que aparece al comienzo de esta entrada. Es un homenaje sentido y verdadero de un hijo hacia su padre, una muestra de respeto a la memoria. Porque creo que el afán de novedades es evasión que no conoce ni la esperanza, ni la paciencia, ni la memoria para que algo nuevo ocurra.

En Asturias, en Pola de Nava, en la casa de Luis Suárez y Mamen, nos pasó algo nuevo, y venía de la esperanza, de la paciencia, de la memoria que todos teníamos y sentíamos. Gracias Gonzalo, gracias hermanos, gracias amigos!!!

La economía colaborativa.
Y todos tan contentos…

 

Paloma y Antonio felices en Blablacar, vistos por Jorge Arranz

 

 

Estamos en un mundo en el que cualquier persona puede convertirse en empresario en sesenta segundos”

 

Teníamos que viajar urgentemente a Madrid y no había manera de conseguir billete en ningún transporte público. No sabíamos qué hacer. Estábamos en Guipúzcoa sin coche y sin nadie cercano que nos pudiera llevar. Un buen lío, o eso nos parecía. Era una de esas situaciones imprevistas que obligan a aguzar el ingenio, a salirse del carril de lo conocido. Los hijos, más ágiles, más al día, y más temerarios quizás -aunque la cosa no es para tanto- dieron con la solución. Estaba en internet. Hoy en día parece que todo, o casi todo, se encuentra en la red. Como imaginaba Borges, es una enorme biblioteca universal, pero también es un enorme mercado abierto donde todo se puede encontrar.

Nuestra solución tenía un nombre: Blablacar. Era algo completamente nuevo para nosotros  pero que seguro que muchos  ya conocéis.Con todo, lo quiero contar para beneficio de los de mi quinta.  Hay que estar al día amigos. Eso de blablacar puede parecer una broma, un juego de niños, pero es algo útil, práctico y nada dificil gracias a internet. Se trata de la mayor red social del mundo de coches compartidos, con 40 millones de usuarios. Algo serio, realmente serio. Un buen ejemplo del fenómeno de la llamada economía colaborativa, tan de moda últimamente y de la que sabemos tan poco los “mayores”. El funcionamiento no puede ser más sencillo: a través de su página web se accede a la  oferta de conductores con un destino y horario concretos y que tienen plazas libres en sus coches. La oferta a través de Internet se pone en contacto con la demanda. Así de fácil.

Necesitábamos ir a Madrid y resultó que Sara y David nos podían llevar en su coche desde San Sebastián. Convinimos un precio y un horario, pagamos con nuestra tarjeta de crédito y asunto resuelto. Economía colaborativa, economía de intercambio, todos salimos ganando. Además, esa red tan aparentemente fría nos ofrecía la posibilidad de conocer gente nueva… Todos salíamos ganando… Nada más fácil. O así  nos parecía después de ver el cielo abierto.

Pero enseguida nos asaltaron algunas dudas: ¿quiénes eran Sara y David? ¿cómo nos íbamos a meter en un coche con gente que no conocíamos de nada? Dudas lógicas, dudas razonables. El miedo a lo nuevo, a lo desconocido. Pero la situación apremiaba y no teníamos otra opción. Además, era una oportunidad de hacer algo distinto, de tener una “experiencia”. Exactamente lo mismo pero visto desde el otro lado. En lo que vemos una amenaza también hay una oportunidad. El atrevimiento no es un atributo solo de los más jóvenes. En ocasiones hay que dejarse llevar….

No conocíamos a Sara ni a David pero sí sabíamos muchas cosas de  ellos. Una parte esencial del éxito de Blablacar son los comentarios de los usuarios: comprobamos que nuestros conductores eran gente de confianza y de que su coche era bueno. Eso decían los que habían viajado ya con ellos y no había porqué dudar de su opinión.

De todas formas, cuando la mañana siguiente Paloma y yo entramos en el coche de David y Sara no las teníamos todas con nosotros. Habíamos elegido la opción “conversación” –también se puede elegir “silencio”- y de forma natural empezamos a hablar con nuestros “empresarios”, con esa gente a la que habíamos pagado para que nos llevaran a Madrid y que resultó que era una gente estupenda. Es verdad que las nuevas tecnologías en muchos casos separan, aíslan a las personas. Pero también unen. Este fue el caso al menos para nosotros. Blablacar nos unió a las vidas y a las historias de Sara y David. Y nos dio una solución de transporte cuando todo lo teníamos en contra. A la hora convenida estábamos en Madrid y en el camino habíamos tenido la oportunidad de conocer a dos jóvenes de primera. Ahorramos dinero y ganamos dos nuevos amigos. Y todos tan contento…. Escribo esta entrada en Madrid pero mañana quiero volver a Deba y naturalmente estoy a la búsqueda de un blablacar que me lleve para allá. Espero encontrarlo y sino me iré en tren que también me gusta. Ya os contaré.

 

PD: este verano, como debe ser,  he estado vago. No he dejado de pensar sin embargo en el resultado de mi encuesta particular sobre el futuro de este blog después de las cien entradas y, como estáis viendo, sigo haciendo más o menos lo mismo. Eso es lo que me aconsejaba la mayoría aunque otros me pedían un poco de variación. El otoño que pronto llegará puede ser un buen momento para intentarlo: “En una decadencia de hermosura, la vida se desnuda, y resplandece la excelsitud de su verdad divina”, escribe Juan Ramón Jiménez.

 

EL SENTIDO DE UN FINAL

 

 

“Se confirma que la muerte de Miguel Blesa en una finca de Córdoba fue un suicidio”

 

El País 20 julio 2017

Poseía quince rifles. Así lo cuentan las noticias que se publican estos días sobre su vida y milagros. Quince nada menos ¿no son demasiados? ¿Para qué demonios quería tantos rifles? Uno solo de ellos le bastó para quitarse la vida en Puerto del Toro. No digo esto para sumarme al auto de fe que se ha producido en las redes sociales en torno al suicidio del que fue presidente de Caja Madrid. No quiero formar parte de esa cacería despiadada sobre un hombre que seguramente cometió muchos errores y que ha terminado mal. Solo pretendo darle vueltas al sentido de un final como este, al sentido de una vida entera que termina de forma tan trágica. Una muerte como la de Miguel Blesa da qué pensar, da para pensar en el cómo y en el qué de lo que somos y lo que tenemos, en los riesgos de una ambición desmedida y temeraria que pueden conducir finalmente a la perdida del sentido de la realidad y de la propia vida.

Tampoco pretendo ponerme excesivo. Pero algo sí. Porque cualquier suicidio viene acompañado de una interrogación sobre el sentido de la vida que nos interpela a todos. ¿Por qué lo hizo? Podemos hacer nuestras conjeturas, nuestras cábalas sobre qué pudo llevarle a apretar el gatillo de su propio rifle de forma tan calculada y en lugar tan cercano al panteón familiar. Todo estaba previsto: no podía aguantar más el estado de soledad y rechazo en el que se encontraba. Podemos imaginar, por ejemplo, la inquietante deriva que puede llegar a desencadenar una ambición incontenible por tener más y más sin reparar en para qué y podemos imaginar la situación de zozobra y desamparo que se produce al ver que todo aquello se viene abajo, que el sueño se desmorona. Algo de eso podemos deducir por lo que sabemos del banquero Miguel Blesa.

Es muy difícil percibir el umbral a partir del cual la, en principio, sana ambición por mejorar, por tener más para vivir mejor, se convierte en una trampa mortal, en un despropósito que conduce al precipicio. Y una vez allí, ya solo queda dar un paso, solo un paso, un gesto para que todo acabe de una vez y para siempre. Me he preguntado a menudo por qué razón personas que tienen ya más de lo que puede imaginar, que supuestamente han llegado al súmmum de la riqueza y de lo que la riqueza puede proporcionar -cuántos rifles, cuantas fincas, cuantos placeres, cuantos cuadros, cuantos manjares, cuantos coches, cuantos viajes, cuantos barcos, cuantas joyas, cuantos incunables, cuantos servidores- siga ambicionado más y más, sin medida ni final. No consigo comprenderlo, no consigo entender que se siga corriendo riesgos para conseguirlo. ¿Es el veneno del trabajo?; ¿es el veneno del poder? ¿es el veneno del propio riesgo, ese vértigo que estimula a los jugadores?. Se ha dicho que Blesa fue el primer banquero encarcelado, no es cierto. Antes de él estuvo en prisión Mario Conde, el paradigma del éxito en los años del optimismo y del dinero fácil, presa también de una ambición desmedida que destrozó su vida aunque no acabó con ella. Curiosamente no tuvo el rechazo social que contribuyó probablemente a hundir a Blesa en la miseria. Banesto era un banco privado y no una Caja de Ahorros con una finalidad social. Todo parece los mismo pero no todo es lo mismo para la gente del común.

Nos podemos imaginar que Miguel Blesa no tuvo valor para afrontar lo que le venía encima. Quizás se quedó solo, muy solo. Quizás descubrió que detrás de tanta mentira solo le quedaba la muerte como lo único realmente verdadero. Si la vida es un misterio, la muerte lo es aún más. No doy con el sentido de este final, porque para mí la vida no se acaba nunca. Eso es lo que seguramente piensan los seguidores del cantante Chester Bennington que según leo se siguen reuniendo en torno a la casa en la que recientemente puso fin a su vida porque dicen que no lo entienden. Nunca llegaran a entenderlo, por mucho que se reúnan.

YA TENGO CIEN: ¿Y AHORA QUÉ?

 

 

“Es necesario que todo cambie para que todo siga igual”

El Gatopardo

Giuseppe Tomasi di Lampedusa

 

 

Cuando en 2013 empecé a escribir este blog nunca pensé que llegaría a las cien entradas. Nunca, ni de broma. Al verme tan entusiasmado con la idea, Pedro Linares que me inició en este oficio, no dejaba de decirme que lo fácil era empezar y que eran muchos los que abandonaban pronto. Creo que dudaba de mi. Yo también dudaba de mi. Pero debo de confesar que enseguida le fui cogiendo gusto al asunto. Me iba la marcha. Miraba y volvía a mirar las primeras entradas y los primeros comentarios. Estaba tan deslumbrado con WordPress y sus posibilidades como podía estarlo un novato poco ducho en las nuevas tecnologías. Eso de ser bloguero a mi edad me rejuvenecía y nada más importante que eso cuando uno ve como van pasando los años. El caso es que, ya lo veis, he llegado a las cien entradas casi sin darme cuenta. Cien escritos son cien historias que he contado y he compartido con vosotros. Con vosotros que sois amigos todos, a quienes os veo casi todos los días, a quienes os veo de vez en cuando, a quienes ya apenas os veo. Eso es lo más importante, lo verdaderamente importante, lo que está en el fondo. Lo mismo de siempre, lo que no cambia. El propósito de los propósitos. Eso no quiero perderlo. Este blog es una especie de hilo me conecta, me engancha, me enlaza, me mueve… Seguiré, pues, dándole a la tecla y a la imaginación.

Seguiré. No tengo duda. Pero quiero seguir y quiero cambiar, las dos cosas a la vez. Lo que pasa es que no tengo claro qué y cómo cambiar. Estas cien entradas han ido adquiriendo un formato muy definido: una foto o un dibujo -casi siempre del genial Jorge Arranz-, una cita o, a veces, una canción, 800 palabras más o menos, cada quince días más o menos. No he sido muy estricto, pero he procurado seguir una pauta, un cierto ritmo. Los temas han sido tan diversos como lo es la vida, como lo son nuestros gustos, nuestros intereses, nuestras aficiones, nuestros cabreos. La primera entrada ¿Qué mosca me ha picado? era producto de eso, de un cabreo. He procurado no dejarme llevar por lo convencional, por lo impuesto, por lo que nos marca la actualidad que nos dicen los medios de comunicación, los telediarios, el mundo de la política. No sé si lo he conseguido del todo. Si debo de confesar que he tratado, en la medida de lo posible, de escribir sobre asuntos que, además de interesarme a mí, intuía que podían interesar a la mayoría de vosotros. Asuntos en los que yo hubiera participado, de algún modo, en los que hubiera tenido alguna experiencia. En la mayoría de las ocasiones me he preocupado más por contar algo, por explicarlo, por anunciarlo incluso, que por dar una opinión.

Pero no va a ser siempre lo mismo o parecido o similar. Conviene darle la vuelta a las cosas, para que duren, para que aguanten. Empecé este blog con un propósito, el mismo que ahora tengo, y, espero, seguir teniendo por mucho tiempo. El mismo, no cambia, pero creo que hay que cambiar algo para que este propósito inicial y permanente siga manteniendo el mismo fuelle. O más, si acaso.

Algo tiene que cambiar para que todo siga igual. He pensado que para eso os tengo a vosotros, mis amigos, mis lectores, también mis escribientes. Juan Cruz, mi vecino periodista del barrio de Chamberí, cuenta en “Un golpe de vida”, su último libro, que su madre le decía que siempre estaba preguntando, que se pasaba la vida preguntando. Lo tenía muy adentro desde muy temprano, su destino era preguntar, no dejar de preguntar, seguir preguntando, su destino era ser y seguir siendo periodista. Ahora yo también quiero haceros una preguntar: ¿Qué me decís? ¿Qué se os ocurre que podría hacer con mi blog? Quiero que me lo digáis como queráis: en comentarios al blog o con mensajes directos a mi correo electrónico. Pero escribidme cosas. Necesitaba haceros esta pregunta que pudiera ser una consulta vinculante, porque cada sugerencia que me hagáis me obligará, en cierto modo. Parece que García Marquez dijo que escribía para que le quisieran. A mi me pasa un poco lo mismo. A mucha gente, creo yo, le pasa un poco lo mismo. Escribimos para no estar solos. Enviadme vuestras ideas para este blog, que es mío y es vuestro. Ya tengo escritas cien entradas. Ahora, la 101, la siguiente de otras cien más, empezará a ser, con vuestra ayuda, algo distinto. Podría hacer un concurso. Podría dar un premio. Tal vez lo haga. No dejéis de escribir, amigos, ahora os toca a vosotros darle al magín.