Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

MALDITO EDADISMO

¡NI TERRORISTA PUEDE SER YA UNO!

 

 

Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida.

Pablo Picasso

 

Lo descubrí al llegar a los controles de aduana en mi último viaje a Nueva York. Me temía lo peor. Me armaba de paciencia y me preparaba para todo tipo de vejaciones. Con esa extraña sensación de que iban a encontrar algo de mí, algo que ni yo mismo sabía. Preocupado, cansado, algo inquieto, creo, como a casi todos nos pasa. Todo para nada. Resulta que a mi a no me prestaron la mínima atención. El policía me miró con un cierto desdén y me dijo secamente: “usted pase”. Ni huellas dactilares, ni cacheos cuidadosos, ni miradas sospechosas…Me sentí discriminado y decepcionado. Al dejar Nueva York supe lo que pasaba: el policía de turno debía de ser menos perspicaz que el de llegada y me preguntó la edad; “Ah, más de ochenta… pase, pase”. Vaya, era eso. No doy el perfil de terrorista por la edad que tengo. No soy una potencial amenaza.

Además de una discriminación, aquello me pareció una solemne tonteria. ¿Qué sabían esos señores de mis intenciones y de mis posibilidades? ¿Es que no estaba en condiciones de cargar con una bomba de unos cuantos kilos? Seguramente consideran que los vejetes hemos perdido la afición a los explosivos o nos hemos vuelto unos conservadores del demonio por aquello de las pensiones. Pero igual se equivocan, me dije, igual se equivocan y la armamos.

En serio, bueno la verdad es que tampoco tan en serio, me sentía un poco cabreado. Llovía sobre mojado; no me gusta nada que alguien que no sea yo mismo decida lo que debo o no debo de ser. Cuando todavía estaba “haciendo cosas”, cosas que me divertían y las hacía bien creo yo, y además me pagaban, había un señor importante que tenía su despacho muy cerca del mío y que todas las mañanas me decía al verme llegar: “y tu que haces aquí trabajando en vez de irte a jugar al golf”. Me sacaba de quicio; no me iba a jugar al golf porque no me gusta el golf y porque no me daba la gana de irme a jugar al golf; algo así debí de decirle. Pero él seguía dándome la tabarra: no soportaba que yo acudiera todas las mañanas feliz y contento a mi trabajo “a esa edad”. No soy naturalmente el único que ha sufrido ese intento de discriminación que tiene un nombre muy feo pero aceptado por la RAE: edadismo. La discriminación por razones de edad se llama edadismo y no son pocos los que la sufren. Según un estudio de la universidad de Kent –siempre hay una universidad con nombre inglés para esos estudios- nada menos que un cien por cien de la población a la que se dirigieron en la encuesta, afirmaba haber sufrido algún tipo de discriminación a causa de su edad. Mira por donde, ahora me tocaba a mi y precisamente en Nueva York.

Allí estaba yo, en la zona cero después de pasar impunemente por la aduana. No podía dejar de pensar en el terrorista que no soy, y también, un poco perplejo, en ese terrorista que, a día de hoy, realmente podríamos ser cualquiera, un niño, una mujer embarazada, un joven con una furgoneta… Ahora podemos pensar que eso es posible. Eso es lo tremendo, eso lo que ha cambiado y nos ha cambiado. Ha sucedido, es real. Lo mío no dejaba de ser una fantasía viajera. Pero cuidado con los viejos, los carga el diablo. Fijaos como los ha pintado Jorge Arranz: dan miedo.

El PASEANTE

 

“Sólo tienen valor los pensamientos que nos vienen mientras andamos”

Nietzsche

 

Abro hoy una nueva sección en este blog. Por estimularme, por estimularos. Por cambiar. De vez en cuando, según funcione el invento, recibiréis una entrada algo diferente: será más breve y se centrará en lo que me vaya saliendo al paso en mis largos paseos. Cada vez me gusta más andar por la calle. Ahora tengo más tiempo para pasear, para observar, para curiosear… De paso, hago ejercicio. Mientras camino me fijo en la gente. Me da por pensar, imaginar: qué son, qué hacen, de qué hablan, a dónde van… Quizás me fijo demasiado, eso me dicen mis hijos: “papá no mires así, hombre!!!”. Pero se ve que no les hago caso y ello me crea a veces algún que otro problema.

Hace algunos años, en las fiestas de la Blanca de Vitoria, debí de mirar con tanta intensidad a un “blusa” feísimo que desfilaba por la calle Dato, que éste se vino hacia mí como un rayo y me dijo: “Eh ¿Y tú qué miras”. Me lo dijo agarrándome por los hombros. Yo, claro, me asusté. Era tan grande como feo. Se enfadó con toda razón: me quedé mirándolo con descaro, no de soslayo… Debía de tener más cuidado en el futuro. La mirada es una especie de invasión en el espacio del otro…Tendré que tener más cuidado, pensé.

Pero sigo fijándome mucho. Eso puede ser bueno para dar emoción, interés y espontaneidad a este nuevo enfoque del blog. Miro a la gente pero también a los escaparates, a los carteles que anuncian mil cosas y mil actividades que, si nos fijamos bien,nos puede dejar “alucinados” como se dice ahora. Las manifestaciones, sobre todo si son de cuatro gatos, las riñas y las músicas callejeras, la gente que está sentada y la que se ve que no sabe a donde ir…Todo eso excita mi curiosidad y da vuelos a mi imaginación. Y no solo me gusta observar, mirar, curiosear… También me gusta hablar con la gente que está en la calle; eso es cada vez más difícil pero siempre se presenta alguna oportunidad si está uno atento y preparado. Trataré de estarlo. Creo, sospecho, que estos paseos míos darán para escribir y divertirme. Para decir lo que he visto, lo que he escuchado, lo que me ha pasado, lo que me ha dado motivos para reflexionar, para disfrutar o inquietarme, para reír… A ver que os parece, a ver si este Paseante tiene futuro. Ya me diréis.

 

CUATRO HERMANAS

 

 

“Es una verdad universalmente aceptada que todo soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa”

 

Jane Austen

        Orgullo y Prejuicio

 

 

He sido otra vez abuelo; ahora soy más abuelo que antes, más abuelo que hace unos días. Acaba de nacer mi décimo nieto. Es una niña, se llama Paloma como su abuela materna y es la pequeña de cuatro hermanas y de diez primos. Los padres han sido unos valientes: pocas parejas tienen cuatro hijos en estos tiempos. El abuelo está encantado. Se pone tan abuelo, tan blando y tan tierno que debe de contenerse un poco. No solo por aquello de la tensión arterial; es que muy probablemente esas emociones de un abuelete octogenario interesen poco a sus  lectores. Pero ¡!cómo voy a dejar de decir que tan solo con ver un instante a ese renacuajíto sentí que la luz de ese día de otoño venía con ella!!. Hubo un momento en que se puso malita y ninguno de los miembros de la ya numerosa familia pensábamos en otra cosa que en su recuperación; pasó el peligro y respiramos tranquilos. Ahora está ya en casa bien acompañada.

Son cuatro hermanas. Cuatro nada menos. Dicen que el futuro es de las mujeres. Espero que sea también de los hombres y de los jóvenes. Y de los animales, de los ríos y de los árboles, si me apuráis, del planeta entero para no quedarme corto. Un futuro menos incierto y, al mismo tiempo, más abierto, aunque parezca un contrasentido, y más generoso y tolerante. Al pensar en esas cuatro hermanas que son mis cuatro nietas, me viene a la cabeza Orgullo y Prejuicio, la novela de Jane Austen que releí con gusto este verano en una excelente edición de Alba minus. Es cierto que, como se puede ver en la deliciosa ilustración que reproduzco, las hermanas de las que habla Austen son cinco y no cuatro, pero eso no nos importa: tampoco hay que afinar demasiado en cuestiones de hermanas.

Lo que hace al caso, me parece a mí, es la obsesión de Mrs Bennet, la madre de esas cinco señoritas a las que vemos tan tiesas en el dibujo, por encontrar para ellas un buen partido y casarlas lo antes posible. No piensa en otra cosa la buena señora; ese es su objetivo en la vida y no duda en utilizar todas sus artes, malas o buenas, para conseguirlo. El matrimonio y el dinero iban bien unidos en la sociedad victoriana y lo que hacía Mrs Bennet era simplemente adaptarse a su tiempo. Nada más que eso.

Lo que yo me pregunto ahora, pensando en esas cuatro hermanas que han pasado a formar parte de nuestro grupo familiar, es si es ese  el porvenir que las espera. Si la sociedad victoriana sigue viva, al menos en parte o si realmente las cosas han cambiado. No lo sé, ya estoy un tanto al margen y prefiero preguntar a la Mrs Bennet de esta historia, a esa madre ya feliz que cuando escribo estas líneas tiene ya a las cuatro hermanas en casa.

“No le importan nada los matrimonios ni el dinero”. Eso es lo que me dice y no me sorprende. Reconoce que hay gente de su generación  “que piensa en la robótica, o en los idiomas; otros en mandar a sus hijos a una universidad americana o en que aprendan chino”. Todas esas cosas las respeta pero no son para ella lo fundamental. Lo fundamental es: “que sean ciudadanas globales… sin fronteras geográficas, ni lingüísticas, ni raciales ni de género”…Vuelvo los ojos a Austen: no puedo imaginarme a Mrs Bennet diciendo esas cosas en un mundo tan cerrado como en el que vivían. Este es otro mundo y mi hija es así. Ella quiere que las suyas conozcan a mucha gente, que   viajen…pero  por encima de todo: “que encuentren su pasión y su talento y puedan dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo”. Ella, su madre, lo ha conseguido, y eso “le parece un tesoro”. A mi también.

Esta tarde no podrá estar la madre de las cuatro hermanas en la presentación de los emprendedores de Ashoka organización a la que dedica su actividad profesional. De un acto semejante hablé en mi entrada Soy el abuelo de Lola y a ella me remito. Yo sí que asistiré y si se tercia y se me ocurre preguntar algo me presentaré en esta ocasión como “el abuelo de Paloma”. Seguro que me dan la palabra.

 

YO ME FÍO DE AL GORE

 

 

Podría decirte que soy inmune a todo,
pero eso es mentira.
El polvo no se convierte en flores.
Los cielos no desaparecen,
pero he visto la verdad convertirse en poder.

Truth to power, BSO “Una verdad muy incómoda”

 

 

No depende de mí, decimos. No puedo hacer nada o casi nada, pensamos. No está en mis manos, creemos. Y lo cierto es que nos equivocamos de cabo a rabo, por pereza o por irresponsabilidad, o por las dos cosas a la vez. Hablo del cambio climático por la acción del hombre, de lo que eso ya nos está afectando, y de lo que nos afectará en el futuro. Para mí no hay duda de que es un asunto grave que nos concierne a todos. Ya estaba aquí desde hace tiempo pero lo ignorábamos. Y ahora está aquí de forma cada vez más visible y apremiante.

Pensé mucho en todo esto el verano pasado: las noticias sobre temperaturas y sequías eran escalofriantes. Se decía que la España verde era  ya como la España seca y que  la España seca se estaba  convirtiendo  en un desierto. Ahora, en pleno otoño, seguimos como en pleno verano, y tan contentos. A mi me parece una locura pero, que se le va a hacer me dicen. Se mira para otro lado ante algunos fenómenos comprobados y alarmantes: las temperaturas globales han venido aumentando de manera sistemática desde 1880; el nivel del mar ha aumentado  20 cm desde comienzos del siglo XX…Nada, no nos inmutamos y por si faltara poco ahí  tenemos a Trump retirando a Estados Unidos   del Acuerdo del clima alcanzado en París. ¿A qué esperamos para actuar?

 

 

El viernes pasado  fui  al estreno comercial de la película de Al Gore sobre el calentamiento global. Había oído que daba un toque a Trump; bien pensé. Saqué las entradas con antelación pensando en un llenazo pero éramos cuatro gatos. A muchos no les interesan estas cosas y hay otros  que piensan que Al Gore es un ególatra, no se fian de él. A mi sin embargo el documental me interesó y me gustó. Me fío de Gore y le agradezco que, en vez de dedicarse a jugar al golf y a vivir de las rentas de su pasado político, dedique su tiempo y su vida a luchar por el planeta. Me atrevo a recomendaros que vayáis a ver “Una verdad muy incómoda” que es el título de esta segunda parte de su mensaje cinematográfico. El documental es  una exploración visual del dónde y el cómo se encuentra el planeta ahora mismo: calles inundadas en Miami Beach, glaciares de Groenlandia derritiéndose dramáticamente, áridos paisajes en los que antes prevalecía la opulencia vegetal, o largas praderas cubiertas de matojos en las que hasta los ochenta había solo hielo. Un desastre. Los gráficos y el “power point” del anterior documental han dejado paso a un Al Gore más   metido en política, más seguro de si mismo me parece a mi,  aunque un tanto decepcionado: piensa que no le hacen el caso que se merece. ¿Ególatra?; sí algo hay seguramente de egolatría en esa necesidad de estar en todas partes, pero lo que importa realmente es si tiene o no razón y desgraciadamente hay que pensar que la tiene. “Ahora o nunca” es el mensaje.

Si hubiera podido hablar con Gore, estábamos él y yo prácticamente solos en el cine Renoir, le habría trasladado esa preocupación mía: ¿ qué podemos hacer tipos como yo y mis lectores  para evitar el desastre que anuncia en su documental ?. A falta de sus respuestas he acudido a   dos  expertos de menos fama  para que me echen una mano. Uno es un eminente profesor de la Pontificia y otro es mi primogénito. Los dos saben bastante de estas cosas y de lo que me hablan es, por ejemplo,  de consumo responsable. Hay que comer menos carne y reducir los alimentos que descartamos. Una medida de sentido común en todos los aspectos. Por cierto Gore se declara vegano aunque no quiere hacer propaganda de ello. Hay que procurar   reducir el consumo de energía y recurrir, en la medida de lo posible a nuestras posibilidades, a las energías renovables. Me dicen que deberíamos y podríamos cambiar sensiblemente nuestros hábitos de transporte: coger cada vez menos el coche privado y utilizar más el transporte público, o manejarnos en bicicleta por nuestras ciudades….

Elegid una, al menos una, de estas  propuestas y comprometeos con ella. Si lo hacéis esta entrada habrá servido quizás para algo. Y daos prisa para ir a ver el documental de Al Gore; pronto lo quitarán de las carteleras. Acordaos de lo que pasó en el estreno.

 

LA ETERNIDAD EN UN INSTANTE

 

Tu que estrenas a diario una nueva vida… cediendo el paso que es tu filosofía…eres niño más que diez a tus años todavía…si tu no vas al cielo nadie iría….”

Canción de Felipe del Campo dedicada  a su padre

 

 

 

Caía la tarde de un día casi otoñal del pasado mes de agosto en un bosquete de manzanos en Pola de Nava en Asturias, en torno a la casa de Luis Suárez y Mamen. Como todos los veranos estábamos reunidos allí un grupo de amigos para recordar a otro amigo muy querido que se nos murió hace unos años. Disfrutamos hablando de él, de su ingenio, de excursiones compartidas, de recuerdos, de las historias que nos contaba. Nos gusta estar juntos, cerca, alimentados y contagiados por una nostalgia suave y alegre, enlazados por la amistad y el recuerdo.

Se oyen unos compases: es Felipe del Campo que ha cogido su guitarra y empieza a entonar una melodía. Canta muy bien, con gusto y sentimiento. Ya nadie habla, Felipe se “queda con nosotros”, y nosotros con él, nos transporta a otro mundo. Vemos que su hermano Tomás sigue con los  dedos y con los gestos el ritmo de la música  y no tarda en ponerse también a cantar. Se sucede una canción tras otra. Ya somos todos los que cantamos, mejor o peor, da igual, cuando Felipe cada vez más alegre e inspirado, empieza a caminar por el prado con su guitarra en bandolera sin parar de cantar y cantar. Se levanta Tomás y le sigue simulando un sonido perfecto de trompeta que sale de sus labios, otro se levanta y le sigue, ya todos le seguimos, no podemos hacer otra cosa, nos llevan, nos dejamos llevar. Nos sentimos todos unidos por el paraíso que encontramos en ese instante, en el lugar al que nos han llevado los hermanos del Campo que supieron leer como ninguno de nosotros el momento… Y llevarnos.

Escultor, músico, pintor, Felipe, a quien conozco desde hace tiempo, es un artista completo y un gran montañero. De mirada viva y alegre, abierto y campechano es también un  buen amigo. A Tomás lo empiezo a conocer en ese instante mágico que se creó, que nos crearon ellos, que hicimos todos casi sin darnos cuenta. Tomás es la vuelta de Felipe, son iguales y distintos, son hermanos. Estos dos “pájaros” asturianos, listos y conectados por un hilo invisible, sin mediar una palabra, nos cogieron de la mano, aquel día, aquella tarde, aquel momento, nos subieron a su música, nos llevaron a ese sitio donde quisiéramos estar siempre, a ese instante que todo lo cura, que dura tan poco como el resto de tu vida, que ya no se olvida… Tal vez solo puede ocurrir en un momento determinado, cuando todo está preparado para ello, y unos duendes te saben guiar.

Aquel momento, que todavía puedo sentir hoy,  me lleva ahora a la canción que Felipe hizo a su padre, Gonzalo del Campo. De él me hablaron cuando yo mostraba mi admiración por los dos hermanos: “la gracia, el carácter, la sensibilidad cultural y sobre todo la alegría la han heredado de su padre”, me decían. Felipe le ha dedicado una canción preciosa, una canción que he escuchado ya varias veces. Me gusta oírla y vosotros tambien disfrutareis con ella si pinchais en el enlace que aparece al comienzo de esta entrada. Es un homenaje sentido y verdadero de un hijo hacia su padre, una muestra de respeto a la memoria. Porque creo que el afán de novedades es evasión que no conoce ni la esperanza, ni la paciencia, ni la memoria para que algo nuevo ocurra.

En Asturias, en Pola de Nava, en la casa de Luis Suárez y Mamen, nos pasó algo nuevo, y venía de la esperanza, de la paciencia, de la memoria que todos teníamos y sentíamos. Gracias Gonzalo, gracias hermanos, gracias amigos!!!