Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

MÍRALAS, YA ESTÁN AHÍ !!!

 

 

 

 

“Han llegado las cigüeñas… 

Han llegado diciendo que se acabó la tristeza,

que la calma ha terminado …”

Pablo Guerrero

 

 

Ahí están. Han vuelto. Un año más. Nuestras cigüeñas. Ya sé que no son nuestras ni de nadie. Pero un poco sí lo son, y nosotros de ellas, naturalmente. Quien las ve primero avisa inmediatamente a través del chat familiar. Este año uno de mis hijos pudo hacer unas fotos rápidas de su aparición; no son muy buenas pero me han venido muy bien para ilustrar esta entrada. Si las miráis con atención comprobaréis que nuestras cigüeñas  no se equivocan como aquella paloma de Alberti que confundía el norte con el sur. Saben bien a donde se dirigen: van directamente a “su nido”. Así  consideran ellas el nido  que fabricó laboriosamente mi amigo Pedro Cuesta, el herrero del pueblo.

Se lo tenemos arrendado de por vida a nuestras cigüeñas. Sin coste alguno. Ellas son las joyas de la corona de nuestra casa. Se merecen el nido y mucho más. Forman ya parte inseparable de nuestro paisaje más querido. Cuando se acercan estas fechas estamos todos pendientes de su llegada y damos un respiro cuando las vemos rondar por los alrededores. Pregunto a mis hijos si comparten estas cavilaciones mías sobre la solemne aparición de las cigüeñas y parece que sí, cada uno a su modo. Me gusta saber lo que piensan, sienten y disfruto leyendo lo que me han escrito. Para ellos también tienen nuestras cigüeñas un valor sentimental, emocional, atávico quizás. Me viene a la mente aquello que dijo Cicerón en De Senectute: “plantarás árboles que otros verán crecer”. Me doy cuenta de que ha calado en ellos la idea de que hay bienes que podemos hacerlos propios, hacerlos nuestros, sin que dejen de pertenecer a todos, sin que dejen de ser comunes. Y eso me da mucha satisfacción. Y mucha tranquilidad también…

Uno de mis hijos ve la vuelta anual de las cigüeñas a nuestro prado “como un signo más de que la vida sigue y de que aquí seguimos”. No pensaba yo llegar a tanto, tan adentro, tan profundo, pero ahí estamos, y realmente me gusta. La ligereza y la profundidad están muy cerca la una de la otra, y mejoran cuando se mezclan bien…

 

¿Y si un día no volvieran? ¿Qué pasaría? Ya veis, es una pregunta casi de filósofo. Como decía antes, sería síntoma de algo, causa de algo, y daría que pensar. Nada sucede por que sí, sin alguna razón, o eso queremos creer. Pero hoy no estoy hablando de razones sino de emociones, de intuiciones, de miedos y de inseguridades. Y, en realidad, si me pongo a pensar, para mí y para mi familia, para nuestras vidas, si un año no volvieran, en realidad, no sucedería absolutamente nada. Dejaríamos de verlas, solo eso…

¿Solo eso? Dejaríamos de contemplar su vuelo, de escuchar su crotoreo, sus conversaciones, de observar sus rituales, de comprobar cada día como crecen sus crías. Y dejaríamos de sentir la extraña y tranquila sensación de que el mundo sigue girando como debe hacerlo. Vaya, pues sí, estoy empezando a pensar que si que pasarían cosas importantes en el caso de que no volvieran. Todas esas cosas intangibles de las que tanto nos alimentamos los seres humanos. Damos muchas razones, si, pero al final nos vencen la emoción, el miedo, la belleza. Y estas cigüeñas, sin saberlo ni ellas ni nosotros, sus devotos admiradores, significan un poco de cada: un poco de emoción, un poco de miedo, un poco de belleza. tanto de verlas como de no verlas. Porque la imaginación es muy poderosa, se crece y se recrea con lo que vemos, y también lo hace con lo que no vemos, con lo que no sucede como esperamos….

Todo cambia. Nuestras cigüeñas parecen la mismas pero en realidad son otras, son las crías que regresan al sitio donde nacieron. El cambio de año nos llama la atención sobre esto, sobre el paso del tiempo. Somos más mayores. Cada año damos cuenta de las cosas que siguen igual, que supuestamente siguen igual. Y nos fijamos en los cambios con suspicacia, con expectación, con ilusión… Necesitamos también comprobar que algunas cosas no cambian, o parece que no cambian… necesitamos signos de vida y de esperanza y eso es lo que traen cada año nuestras cigüeñas al prado de Cercedilla. No nos traen nada material. No dan algo distinto. Traen consigo un mensaje que cada uno de nosotros interpreta a su modo. Solo las vemos. Están ahí. Vuelan. Crían. Crean un hogar. Dan de comer. Siguen el curso de sus vidas sin fijarse en nosotros. Son tan grandes y tan ligeras. Nos traen todo eso que nos falta, que echamos de menos sin que apenas nos demos cuenta… Que cada cual ponga lo que considere. El caso es que han vuelto. Mucho antes de San Blas. Ya estábamos un poco impacientes. Ahí están.

DOCE MILLONES DE CRIATURITAS

 

“Yo puedo ser yo mismo, en internet puedo hacer cosas sin filtros”

El Rubius en la entrevista con Risto

 

Ni de oídas sabía yo quien era “el Rubius”, cuando oí hablar de él en un acto reciente organizado   por la red de Fundaciones Universidad Empresa. Todo el mundo parecía conocerle en aquel ambiente de empresarios y universitarios, al menos nadie preguntaba que quien era aquel señor, así que yo disimulé como pude mi ignorancia. La conferenciante, Pilar Llácer, experta muy conocida en la gestión de recursos humanos y transformación digital , se refería al “fenómeno Rubius” como algo significativo, como algo que había que tener en cuenta, y yo sin saber siquiera quien era Rubius. Me picó el amor propio. En cuanto tuve ocasión me fui a preguntarle a Google y Google me dijo que este joven “youtuber”, el término suena fatal en español pero poco a poco nos vamos acostumbrando a estos horrores, tiene más de doce millones de “followers”, otra perla del lenguaje habitual de nuestros días. Él, “el Rubius” llama “criaturitas” a sus seguidores, quizás con un poco de condescendencia, o quizás no, quizás un poco asustado de su propio éxito… Sea como fuere, el caso es que aquello era digno de atención, se trababa de un fenómeno de gran tamaño: doce millones nada menos!!!

Tenía que ver sus videos para conocer el secreto de su éxito. Y así lo hice. Ví alguno de ellos y no daba crédito, no entendía nada. Aquello me parecía una auténtica patochada sin gracia ni sentido. Les pregunté a mis nietos. Ellos sí conocían a “el Rubius”, por los videojuegos, claro que lo conocían pero no le daban la menor importancia… Parecía que era algo que no iba con ellos pero no les creí del todo. Es más, tengo la impresión de que la mayor parte de los jóvenes le conoce y le sigue. ¿De dónde salen si no esos doce millones de criaturitas? La inanidad y la intranscendencia alcanza a millones de personas en el mundo. Esa es la realidad, mal que nos pese.

Todavía no he conseguido explicarme del todo el qué y el cómo de esta historia. Acudí a la entrevista que le hizo el también famoso Risto para profundizar en el personaje. Si pincháis en la cita de esta entrada podréis ver el video en cuestión. Os recomiendo que lo hagáis. Seguro que estaréis de acuerdo conmigo en que este famosísimo “youtuber” recibido y jaleado por miles de jóvenes cuando llega a cualquier aeropuerto, es un muchachito decente y vulnerable. Se pone a llorar como un crio cuando habla del asedio de sus fans y es muy consciente de lo que puede y no puede hacer: “no vais a encontrar contenido ninguno en mis videos”, le dice a Risto, “son puro entretenimiento”. Él no tiene la culpa de nada, no engaña a nadie, se me ocurre pensar. Pero ¿la culpa de qué?. ¿Es que hay que buscar algún culpable de ese “fenómeno Rubius” al que se refería la famosa experta en recursos humanos que me lo descubrió? No hay trampa ni cartón. Todo está más claro que el agua: los doce millones de criaturitas que le siguen se sienten identificadas con nuestro Rubius, con su falta de preocupaciones intelectuales o políticas, con su ligereza, con su naturalidad, con su humor tontuelo y espontáneo, con su absoluta intranscendencia.

Pregunté a mis nietos, mi grupo de referencia en esta entrada juvenil, que de qué vivía el Rubius y se morían de risa: “de la publicidad abuelo, de la publicidad, ¿de que va a vivir si no?” me decían. No es que me descubrieran el mediterráneo pero me hicieron pensar. Sin ella, sin la publicidad, sin las empresas y su necesidad de competir, no existirían ni “el Rubius” ni muchas de las cosas que nos sorprenden por su aparente gratuidad. Casi siempre nos están vendiendo algo y todo acaba llegándonos sin que apenas nos demos cuenta. Es una especie de juego invisible en el que participamos cada día; juegan y jugamos inadvertidamente, apelando a nuestra vulgaridad, a nuestro aburrimiento, a nuestro sentido del ridículo, a nuestra necesidad de seguir las corrientes que se cuelan en nuestras mentes y llegan a modular nuestras necesidades y nuestra forma de vivir.

Vamos, que casi sin darme cuenta he llegado a una conclusión muy propia de estas fechas. Es probable que nos hagamos algunos propósitos para 2018 y mi deseo es que se cumplan. Pero no deberíamos de olvidar que somos todos criaturitas indefensas que seguiremos haciendo lo que otros decidan por nosotros. Y si no que se lo pregunten a los doce millones de seguidores de el Rubius y de otros “influencers” y “prescriptors” que guiarán nuestros pasos queramos o no. Ya lo veréis.