Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

CUATRO HERMANAS

 

 

“Es una verdad universalmente aceptada que todo soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa”

 

Jane Austen

        Orgullo y Prejuicio

 

 

He sido otra vez abuelo; ahora soy más abuelo que antes, más abuelo que hace unos días. Acaba de nacer mi décimo nieto. Es una niña, se llama Paloma como su abuela materna y es la pequeña de cuatro hermanas y de diez primos. Los padres han sido unos valientes: pocas parejas tienen cuatro hijos en estos tiempos. El abuelo está encantado. Se pone tan abuelo, tan blando y tan tierno que debe de contenerse un poco. No solo por aquello de la tensión arterial; es que muy probablemente esas emociones de un abuelete octogenario interesen poco a sus  lectores. Pero ¡!cómo voy a dejar de decir que tan solo con ver un instante a ese renacuajíto sentí que la luz de ese día de otoño venía con ella!!. Hubo un momento en que se puso malita y ninguno de los miembros de la ya numerosa familia pensábamos en otra cosa que en su recuperación; pasó el peligro y respiramos tranquilos. Ahora está ya en casa bien acompañada.

Son cuatro hermanas. Cuatro nada menos. Dicen que el futuro es de las mujeres. Espero que sea también de los hombres y de los jóvenes. Y de los animales, de los ríos y de los árboles, si me apuráis, del planeta entero para no quedarme corto. Un futuro menos incierto y, al mismo tiempo, más abierto, aunque parezca un contrasentido, y más generoso y tolerante. Al pensar en esas cuatro hermanas que son mis cuatro nietas, me viene a la cabeza Orgullo y Prejuicio, la novela de Jane Austen que releí con gusto este verano en una excelente edición de Alba minus. Es cierto que, como se puede ver en la deliciosa ilustración que reproduzco, las hermanas de las que habla Austen son cinco y no cuatro, pero eso no nos importa: tampoco hay que afinar demasiado en cuestiones de hermanas.

Lo que hace al caso, me parece a mí, es la obsesión de Mrs Bennet, la madre de esas cinco señoritas a las que vemos tan tiesas en el dibujo, por encontrar para ellas un buen partido y casarlas lo antes posible. No piensa en otra cosa la buena señora; ese es su objetivo en la vida y no duda en utilizar todas sus artes, malas o buenas, para conseguirlo. El matrimonio y el dinero iban bien unidos en la sociedad victoriana y lo que hacía Mrs Bennet era simplemente adaptarse a su tiempo. Nada más que eso.

Lo que yo me pregunto ahora, pensando en esas cuatro hermanas que han pasado a formar parte de nuestro grupo familiar, es si es ese  el porvenir que las espera. Si la sociedad victoriana sigue viva, al menos en parte o si realmente las cosas han cambiado. No lo sé, ya estoy un tanto al margen y prefiero preguntar a la Mrs Bennet de esta historia, a esa madre ya feliz que cuando escribo estas líneas tiene ya a las cuatro hermanas en casa.

“No le importan nada los matrimonios ni el dinero”. Eso es lo que me dice y no me sorprende. Reconoce que hay gente de su generación  “que piensa en la robótica, o en los idiomas; otros en mandar a sus hijos a una universidad americana o en que aprendan chino”. Todas esas cosas las respeta pero no son para ella lo fundamental. Lo fundamental es: “que sean ciudadanas globales… sin fronteras geográficas, ni lingüísticas, ni raciales ni de género”…Vuelvo los ojos a Austen: no puedo imaginarme a Mrs Bennet diciendo esas cosas en un mundo tan cerrado como en el que vivían. Este es otro mundo y mi hija es así. Ella quiere que las suyas conozcan a mucha gente, que   viajen…pero  por encima de todo: “que encuentren su pasión y su talento y puedan dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo”. Ella, su madre, lo ha conseguido, y eso “le parece un tesoro”. A mi también.

Esta tarde no podrá estar la madre de las cuatro hermanas en la presentación de los emprendedores de Ashoka organización a la que dedica su actividad profesional. De un acto semejante hablé en mi entrada Soy el abuelo de Lola y a ella me remito. Yo sí que asistiré y si se tercia y se me ocurre preguntar algo me presentaré en esta ocasión como «el abuelo de Paloma». Seguro que me dan la palabra.

 

YO ME FÍO DE AL GORE

 

 

Podría decirte que soy inmune a todo,
pero eso es mentira.
El polvo no se convierte en flores.
Los cielos no desaparecen,
pero he visto la verdad convertirse en poder.

Truth to power, BSO «Una verdad muy incómoda»

 

 

No depende de mí, decimos. No puedo hacer nada o casi nada, pensamos. No está en mis manos, creemos. Y lo cierto es que nos equivocamos de cabo a rabo, por pereza o por irresponsabilidad, o por las dos cosas a la vez. Hablo del cambio climático por la acción del hombre, de lo que eso ya nos está afectando, y de lo que nos afectará en el futuro. Para mí no hay duda de que es un asunto grave que nos concierne a todos. Ya estaba aquí desde hace tiempo pero lo ignorábamos. Y ahora está aquí de forma cada vez más visible y apremiante.

Pensé mucho en todo esto el verano pasado: las noticias sobre temperaturas y sequías eran escalofriantes. Se decía que la España verde era  ya como la España seca y que  la España seca se estaba  convirtiendo  en un desierto. Ahora, en pleno otoño, seguimos como en pleno verano, y tan contentos. A mi me parece una locura pero, que se le va a hacer me dicen. Se mira para otro lado ante algunos fenómenos comprobados y alarmantes: las temperaturas globales han venido aumentando de manera sistemática desde 1880; el nivel del mar ha aumentado  20 cm desde comienzos del siglo XX…Nada, no nos inmutamos y por si faltara poco ahí  tenemos a Trump retirando a Estados Unidos   del Acuerdo del clima alcanzado en París. ¿A qué esperamos para actuar?

 

 

El viernes pasado  fui  al estreno comercial de la película de Al Gore sobre el calentamiento global. Había oído que daba un toque a Trump; bien pensé. Saqué las entradas con antelación pensando en un llenazo pero éramos cuatro gatos. A muchos no les interesan estas cosas y hay otros  que piensan que Al Gore es un ególatra, no se fian de él. A mi sin embargo el documental me interesó y me gustó. Me fío de Gore y le agradezco que, en vez de dedicarse a jugar al golf y a vivir de las rentas de su pasado político, dedique su tiempo y su vida a luchar por el planeta. Me atrevo a recomendaros que vayáis a ver «Una verdad muy incómoda» que es el título de esta segunda parte de su mensaje cinematográfico. El documental es  una exploración visual del dónde y el cómo se encuentra el planeta ahora mismo: calles inundadas en Miami Beach, glaciares de Groenlandia derritiéndose dramáticamente, áridos paisajes en los que antes prevalecía la opulencia vegetal, o largas praderas cubiertas de matojos en las que hasta los ochenta había solo hielo. Un desastre. Los gráficos y el “power point” del anterior documental han dejado paso a un Al Gore más   metido en política, más seguro de si mismo me parece a mi,  aunque un tanto decepcionado: piensa que no le hacen el caso que se merece. ¿Ególatra?; sí algo hay seguramente de egolatría en esa necesidad de estar en todas partes, pero lo que importa realmente es si tiene o no razón y desgraciadamente hay que pensar que la tiene. “Ahora o nunca” es el mensaje.

Si hubiera podido hablar con Gore, estábamos él y yo prácticamente solos en el cine Renoir, le habría trasladado esa preocupación mía: ¿ qué podemos hacer tipos como yo y mis lectores  para evitar el desastre que anuncia en su documental ?. A falta de sus respuestas he acudido a   dos  expertos de menos fama  para que me echen una mano. Uno es un eminente profesor de la Pontificia y otro es mi primogénito. Los dos saben bastante de estas cosas y de lo que me hablan es, por ejemplo,  de consumo responsable. Hay que comer menos carne y reducir los alimentos que descartamos. Una medida de sentido común en todos los aspectos. Por cierto Gore se declara vegano aunque no quiere hacer propaganda de ello. Hay que procurar   reducir el consumo de energía y recurrir, en la medida de lo posible a nuestras posibilidades, a las energías renovables. Me dicen que deberíamos y podríamos cambiar sensiblemente nuestros hábitos de transporte: coger cada vez menos el coche privado y utilizar más el transporte público, o manejarnos en bicicleta por nuestras ciudades….

Elegid una, al menos una, de estas  propuestas y comprometeos con ella. Si lo hacéis esta entrada habrá servido quizás para algo. Y daos prisa para ir a ver el documental de Al Gore; pronto lo quitarán de las carteleras. Acordaos de lo que pasó en el estreno.