Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

Son las de las bicicletas

las únicas cadenas

que dan libertad.

Ciclista anónimo

 

 

 Me temo que yo no. Ya no. Ya estoy algo mayor. Dos  noes para venir ahora a un sí muy convencido. Me uno con entusiasmo a la campaña de la Comunidad Muévete #PorElClima a favor de la movilidad urbana sostenible. Me uno con entusiasmo a la promoción de las bicicletas eléctricas porque aunque yo no pueda, ni deba, intentar utilizarlas, (ganas no me faltan) me gusta que otros sí que lo hagan. Me gusta que se animen, se diviertan y se aprovechen de esa iniciativa concreta, precisa y sana que nos mueve a la acción, a cambiar de hábitos, a tomar una decisión para empezar a arreglar “nuestro trozo de nuestra acera”.

Uno de mis hijos, Gonzalo, que es un verdadero apóstol de esta causa, la de las bicis eléctricas, la del “medio ambiente”, me animó a asistir a una reunión en la que se iba a tratar de estos importantes asuntos  con motivo del Día Mundial de la Bicicleta que se celebra anualmente el 19 de abril en conmemoración del benéfico paseo en bicicleta del científico suizo Albert Hofman después de realizar en si mismo una prueba para determinar los efectos del LSD. Ya veis, si no fuera por los hijos uno no se enteraría jamás de algo así. Me apetecía ir y traté de encontrar a alguno de “mi equipo” que me acompañara. Negativo: “pero que se nos ha perdido a nosotros en eso de las bicis eléctricas” me decían. No se enteran de nada estos colegas míos. Algo habrá que hacer, digo yo, y dicen muchos más y con más autoridad que yo, para acabar con la locura del caos circulatorio que afecta a la calidad y a la salud de nuestra vida, a la mala vida que llevamos por la polución que nos envuelve y la angustia que nos produce el tráfico de nuestras ciudades. Lo de ahora es una locura, no deja de ser una locura por más que miremos hacia otro lado, por más que nos desorientemos con otros asuntos llamativos, quizás, pero seguro que menos alarmantes.

Así que me fui solo a la reunión que se celebraba en la calle del Nuncio, en Madrid y me alegré, y mucho, de haber ido. Antes de entrar en ella, me di una vuelta por el barrio de La Latina. La mañana no podía ser mejor. Aunque no iba en bicicleta, entré con el mejor espíritu, con la mejor disposición. Me enteré de muchas cosas que, como ahora se suele decir, quiero  compartir. La más importante sin duda para los que después de leer todo lo anterior estén ya empezando a pensar en comprarse una  «eléctrica», es la oferta que presentó en la reunión la ya mencionada Comunidad. Es muy buena y que conste que no llevo comisión: se comprometen a hacer un  descuento del 30% en el precio final a todas aquellas personas que se adhieran  y creen su perfil. Desde la web se accede de manera directa a la plataforma de compra que estará abierta durante dos meses. No quiero entrar  en más detalles; para eso está la Web y yo mismo si alguien me necesita. Aunque soy un completo ignorante me encantaría poder ayudar a mis lectores a moverse en bici por el clima, por la tranquilidad de nuestras ciudades, por la sostenibilidad de nuestro planeta.

Gonzalo, ese hijo mío que me ha metido en ésto y que con tanta gracia ha dibujado  Jorge Arranz para esta entrada,  ha publicado recientemente un artículo en El Confidencial en el que nos da 10 razones , 10, 10 motivos, 10, para hacernos con una bici eléctrica, para utilizarla y disfrutarla, para hacer nuestra ciudad más habitable y placentera. Nos habla en él de economía, de medio ambiente, de salud, de aprovechamiento de nuestro tiempo, de calidad de vida, de rapidez, de seguridad. No os voy a contar lo que ya cuenta él mucho mejor que pueda hacerlo yo. Lo que no voy a dejar de hacer es animaros a compraros una de estas bicicletas aprovechano, si es posible estas ofertas que, en algunos casos, van acompañadas de las de algunas empresas. Si tenéis que ir todos los dáis al trabajo trabajo y sois algo más jóvenes que yo, no lo dudéis. Y, también, y sobre todo, os animo a que difundáis la buena nueva. La vida puede ser más divertida de lo que nos creemos: a veces, basta con muy poco. Y, también, con muy poco, podemos empezar a cambiar el mundo: solo eso, una bicicleta con un pequeño motor eléctrico. No paremos de pedalear. Y si nos cansamos, ya tenemos una pequeña ayuda suplementaria. No hay excusa. A por ella.