Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

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Cazadores de Pokémon delante de la casa del diseñador Boon Sheeridan

 

yo me entretengo jugando al pokémon cuando voy con amigos o con alguien. Si juegas solo te puedes entretener pero es más aburrido …

ASM nieto

 

 

No, Pokémon no es para abuelos y bien que lo siento.  Me gustaría poder descubrir a esas criaturas, se metan donde se metan, y cazarlas y llevarlas al gimnasio y hacer con ellas todo lo que se pueda hacer. Llegué incluso a intentarlo pero mis nietos se negaron a ponerme la “aplicación”: esto no es para abuelos me dijeron.

Uno puede perder la perspectiva y hasta el oremus; olvidarse de los años que uno tiene y pensar que es capaz de escalar el Everest o hacer “puenting”. La verdad es que a estas edades es difícil acertar. Es aquello que decía Don Mendo de las Siete y Media: «o te pasas o no llegas». Yo a veces me paso pero no me importa, creo que es mejor eso que amilanarse, arrugarse, acobardarse…Para ponerme en mi sitio y en mi realidad están los hijos y los nietos: abuelo tu ya no puedes cazar Pokémon.

Descubrí la aventura este verano en Deba y al principio no entendía nada. ¿Qué demonios hacían esos chavales mirando sus móviles constantemente por calles y parques? Quería enterarme para no permanecer ajeno, quería jugar yo también, si era posible. Algo me estaba perdiendo. Si quieres saber de algo pregunta, pregunta a tus hijos, a tus nietos, a la gente, hasta que te hagas una idea, hasta que lo entiendas. Eso he hecho, como trato de hacer siempre. También he leído algunas cosas en internet sobre el asunto: “Pokemon go” es un juego que ha engatusado a millones de personas en todo el mundo. Es un fenómeno social, sin duda alguna.

Llegué a preocuparme por el tiempo que dedicaban mis nietos a Pokémon pero descubrí enseguida que a sus padres, que son los que tienen que opinar, les traía al pairo. Me dicen que el “Pokemon go” favorece la relación de los niños, que les mantiene entretenidos, que les estimula… Que las nuevas pantallas son los canales de comunicación, de relación, de ocio, y de muchas cosas más de nuestro tiempo, y que lo importante es aprender a utilizarlas como es debido, con moderación y criterio… Habla el sentido común y el justo equilibrio de los padres. Pero decirlo es siempre más fácil que practicarlo. No he conseguido jugar ni una sola vez. No me han dejado. Parece que el justo equilibrio no es aplicable a los abuelos. Yo también quiero estar entretenido, cazar pokémon por la calle, conocer lugares nuevos, descubrir edificios, relacionarme con otra gente, competir con ellos y con mis nietos. No me dejan: dicen que hay que tener cuidado, que los jugadores se pierden, se caen, que tienen accidentes porque no prestan atención más que a lo que ven en su pantalla del móvil… Hay casos en todo el mundo de cazadores distraídos o, mejor dicho, abstraídos por el juego, que se han roto la crisma. Sí, hemos de tener cuidado, naturalmente, de fijarnos en el suelo que pisamos cuando paseamos por la calle y por el monte. Nada nuevo bajo el sol. Lo mismo te puede pasar cuando, abstraído en tus pensamientos, te das un trompazo con un árbol o con una valla publicitaria.

De todas formas veía muy negro mi futuro pokemonista hasta que el domingo pasado, comiendo en casa de los hijos de un viejo y gran amigo en Bilbao (casa que es, por cierto,  gimnasio de Pokémon), un nieto suyo, más listo que el hambre, me dijo algo que me hizo concebir una cierta esperanza. Fue flor de un día.

No hace todavía un mes que Apple al presentar sus nuevos modelos de Iphone anunció que en la nueva versión de su reloj inteligente se iba a incorporar la “aplicación” de Pokémon. Ya no hará falta mirar al móvil, bastará con echar un vistazo al reloj. A lo mejor, pensé, eso me da una oportunidad. Nada de eso. El nieto inteligente de mi gran amigo bilbaíno  se expresó con toda claridad: el público de Pokémon está muy definido me dijo. Es gente joven que durante su infancia disfrutó con los episodios de la serie en televisión y que ahora los puede vivir “en la realidad”.

Yo no soy de “esos” evidentemente. No puedo formar parte de esa tropa que ha descargado Pokémon más de 500 millones de veces en todo el mundo y que, según dicen, ha andado más de 4,6 mil millones de kilómetros mientras se divertía y hacía piernas. A mi me habría gustado participar en ese juego, en el fondo, la vida no deja de ser un gran juego, pero no puede ser. Cazaré topos en la pradera de Cercedilla mientras mis nietos cazan Pokémon. Así es la vida