Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

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“Los viejos rockeros de entonces son los nuevos blogueros de ahora”

anónimo con un rioja

 

Te lo recomiendo y sé de lo que hablo: !!!tómate un blog!!! No te va a quitar el dolor de cabeza, más bien al revés, pero a larga y a la corta te sentará muy bien. Escribir blogs “obra milagros”, como hacer teatro, que ya lo dije alguna vez. Tal vez sea excesivo, pero algo parecido me ha pasado a mi al escribir estos textos. Me dan vida, me alimentan, me inquietan, me dan motivos para hablar y discutir con mis amigos de siempre y con otros nuevos, los del blog.

Tardo en elegir el tema de cada entrada. Le doy mil vueltas: lo que me gusta, lo que me divierte, lo que me indigna. Y antes de escribir una palabra, ya estoy pensando en cómo lo recibirán mis lectores: ¿Se lo leerán con gusto? ¿les interesará como a mí? Me digo que todo eso no me tiene que importar, que escribo sobre todo para mi gusto personal, pero en realidad sí que me importa. Quiero que lo que escribo haga reaccionar a los que lo lean. No es fácil elegir un tema con tantas exigencias. A veces me atasco, me entran dudas, me digo que no, que no tiene sentido seguir con esto, que mejor me voy al cine a que me cuenten una historia. Eso pienso, pero me aguanto las dudas y la desgana, y sigo. Me estrujo el cerebro, miro fijamente a la pantalla de mi mac, pongo cara seria y tiro para adelante. Sé que al final llegarán las ideas, y las palabras, y me sentiré feliz con lo que salga, sea lo  que fuere. Siempre es así, y el esfuerzo merece la pena. Tómate un blog: te ayudará a mantenerte despierto, a escudriñar las noticias, a ir siempre con las antenas puestas y a sentirte más poroso que una esponja.

Algo más: he de decir que en cuanto descubro un buen tema me pongo a contrastarlo con gente de mi confianza, a informarme, a conocer las diversas posiciones. Doy mucho la vara, así me lo dicen mis hijos, y siempre encuentro excusas y motivos para compartir con mis amigos, para buscar posibles citas, imágenes, canciones. Esta búsqueda me divierte tanto o más que la propia escritura. La curiosidad me puede, me puede en cada caso. Y busco, busco, hasta qu encuentro esa frase que lo clava: un poco enigmática, un poco misteriosa, un poco críptica. Google antes y ahora Ecosia, ese buscador que planta árboles y que descubrí en una de esas conversaciones mías, dan mucho juego para hacer una buena gimnasia mental. Hablo, pido cosas, escucho, y luego me pongo a la ardua y dura tarea de darlo forma con palabras escritas. Es esta  la labor más solitaria, y en ocasiones un buen lingotazo, un gin tonic por ejemplo, ayuda a encontrar las palabras adecuadas y las ideas brillantes. Le das a la tecla, quitas, pones, corriges, añades y, mejor o peor, ahí queda eso. Pinchas “enviar” y tu escrito ya está en el aire, al alcance de todos, expuesto al juicio de todos. Y a esperar.

Empecé a escribir este blog no para sentar cátedra de nada, sobre nada en concreto. Todo lo contrario. Lo hice para tener motivos por los que hablar con mis amigos. Lo hice para seguir estando cerca de la gente que me interesaba, de la gente a la que quería y que ya no iba a encontrar todos los días en los pasillos de mi vida profesional. No quería quedarme aislado, no quería “quedarme al margen de mi tiempo”, decía en la primera entrada que publiqué. Y no quería que eso ocurriera porque pensaba que éste es también  “mi tiempo”. No es que creyera que escribir un blog fuese una condición necesaria y ni siquiera suficiente para conseguirlo, pero pensaba que podía ayudar. Y no me equivoqué…

Ahora, pasados ya cerca de tres años,  puedo asegurar que me ha ayudado y mucho. Me siento tan cerca de los que me leen, de los que me critican, que no son pocos, de los que me envían comentarios y correos, de los que cuando me ven por la calle me dicen “te sigo”, que no dudo en recomendaros vivamente que escribáis un blog. Mucho más si sois más o menos de mi quinta. Álvaro Bermejo, que ha sido uno de mis más fieles compañeros en este blog, me dice: “Puede que en la vida lo hayas hecho todo o, al menos, “todo eso” que se considera como canónico: tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol. ¿Y luego qué? ¿Cuándo acaba la acción, la comunicación, la siembra que se traduce en cosecha, la palabra que invita a la respuesta? ¿Luego qué?”.
Tomaos un blog y ya me diréis.