Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

hola toni

 

“El nuevo Estado de bienestar creado por Silicon Valley pretende más que mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, aprovecharse de sus actividades para incrementar los beneficios de las grandes empresas”

Evgeny Morozov

 

La cita -un poco larga pero sabrosa- que abre esta entrada y, sobre todo, el dibujo de Jorge Arranz que la ilustra, dan ya  alguna pista de por donde van hoy los tiros.

No hace mucho que mi hijo Ramón me instaló una app en mi teléfono para poder llamar a un taxi cuando fuera necesario. Los hijos van siempre por delante en estas cosas y nos abren puertas a nuevas posibilidades (cuando quieren). Me quedé pasmado de las ventajas que tiene ese nuevo servicio llamado “My taxi”: “fíjate, padre, me dice Ramón, aprietas simplemente el icono de la aplicación y te salen inmediatamente los taxis que hay por la zona y el tiempo que pueden tardar en llegar; es impresionante”.

Me lo pareció realmente, me pareció que era una de esas cosas que te pueden mejorar un poco la vida. Estaba lloviendo y nos íbamos a encontrar con nuestro taxi a la puerta de casa. Tuvimos que darnos prisa porque ya llegaba. No me había fijado en lo que Ramón había puesto en la pantalla de mi teléfono, pero me advirtió que el conductor se llamaba Chema. Bajamos y al poco oí al taxista dirigirse a mí con extrema familiaridad: “hola Toni, ¿a dónde vamos?”. Me pareció tan natural, tan cercano, tan fácil, tan razonable, que me gustó. “Hola Chema”, le respondí, y nos subimos a “my taxi”, a nuestro taxi.

Cuando el sábado pasado leí en El País un artículo que me pareció un poco hiriente y desenfocado – ¿Un robot para cada persona mayor? se titulaba- decidí contar aquí esa pequeña historia y pedí a mi amigo Jorge Arranz que me hiciera un dibujo de los suyos para contarla. Me lo hizo enseguida, pero no era éste que estáis viendo ahora en la pantalla. En la primera versión no aparecía dibujado el icono de “My taxi”. Le llamé y le pregunté que porqué no lo había puesto: “para no hacer propaganda de la empresa, Toni”, me contestó, y en lo de Toni barrunté un poco de sorna de mi amigo Jorge.

A mí no me importaba nada hacer propaganda de la empresa en cuestión, sobre todo después de comprobar que el servicio había sido bueno. Le pedí que lo pusiera, sin reservas ni problemas. Y ahí lo veis. Me gustó tanto el servicio de “my taxi” que no me importaba que todo el mundo se enterara y si la empresa ganaba con eso más dinero, pues mejor para ella. Logré convencer de sus bondades a algunos amigos y me  están muy agradecidos.

Lo que no sabía, hasta que leí el mencionado artículo escrito por Evgeny Morozov, es que actuando así “estaba incrementando los beneficios de las empresas del Sillicon Valley”. Pues muy bien, me dije, no me importa nada. Si lo que sale de allí, de aquel valle californiano que es ya paradigma del desarrollo tecnológico, sale lícitamente y sirve para mejorar mi bienestar y el de otros ciudadanos, para hacer nuestra vida más confortable, bendito sea.

  Ya se ve que estoy simplificando y no quiero que os dejéis llevar por mis emociones. Mejor que que leáis el artículo en cuestión para que saquéis vuestras propias conclusiones. Da para pensar y para debatir. Las cosas no son nunca tan sencillas como a uno le puedan parecer. Si este joven filósofo ruso -tiene 28 años- se enterara de que un vejete como yo está así de contento con las nuevas tecnologías, se echaría las manos a la cabeza. Tendré que tener cuidado por supuesto, pero, !carajo! como dicen con toda naturalidad los colombianos,  sin dejarme tampoco amedrentar . .

Ni por él ni por mi buen amigo Álvaro Bermejo, que dijo cosas terribles sobre mi última entrada. Está preocupado por mi ingenuidad. Ayer mismo me leyó unos párrafos de un libro de Aldous Huxley: “Hay una creencia muy difundida”, leía Álvaro en voz alta en la cafetería de la calle Almagro en la que nos habíamos citado, “en que por lo que a mecanismos se refiere. podemos obtener algo por nada, gozar de todas las ventajas de una tecnología complicada, desproporcionada y en progreso constante sin tener que pagar por ellas compensadoras desventajas”.

Sería presuntuoso por mi parte discutir con Huxley, le dije. Tiene razón: nada en la vida es totalmente gratuito. Hay que elegir. Pero no veo porqué hemos de privarnos de aquello que  nos la hace más confortable, se lucre quien se lucre con ello…

Era ya un poco tarde para seguir discutiendo: pinché en el icono de mi móvil y pronto  apareció un taxi. Oí que el conductor decía “Hola Toni”. Era el mío.