Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
IMG-20150813-WA004(3)Fotografía de Roque Sáenz de Miera

«Agur ETA …»
Cartel en las fiestas de Deba de 2015

 

La llegada de este año a mi habitual veraneo guipuzcoano fue precedida de una buena noticia para los que no podemos imaginar al País Vasco fuera de España: según los datos del Euskobarómetro el porcentaje de ciudadanos que ansían la independencia ha bajado hasta quedar en un 30% el mínimo de los últimos años. La realidad es que sólo en el 2013 el porcentaje se acercó al 40% y desde entonces no ha dejado de bajar.

Siempre habrá quien piense que no hay que echar las campanas al vuelo y que esta tendencia optimista es algo coyuntural, algo que puede dar un giro en cualquier momento si cambian las cosas. Por ejemplo; ¿no podrá ser que los vascos estén esperando a ver que es lo que pasa en Cataluña?.

Puede ser, todo puede ser, pero yo no lo creo. Es evidente que la situación catalana está presente en el debate vasco, pero más para bien que para mal. Tengo la impresión de la malhadada aventura de Artur Mas se contempla con poca o ninguna simpatía por la mayoría de los vascos. Lo del Plan Ibarretxe dejó su huella. No, no creo que sea por Cataluña; lo que está aconteciendo en el País Vasco es resultado de factores propios y de procesos de fondo de larga gestación que ahora están aflorando. A algunos de ellos me he referido en este blog («El efecto Gorka»; “Ocho apellidos vascos”; “Pitadas en la tamborrada”), pero, sin ir más lejos, en este mismo curso político podemos encontrar algunas pistas de por donde van las cosas. Me refiero a los resultados de las últimas elecciones que han dado lugar a salida de Bildu de la Diputación de Guipúzcoa y de Ayuntamientos tan importantes como el de San Sebastián, y desde luego, a la posición equilibrada, apaciguadora y pactista del gobierno de Urkullu.

El nuevo clima de tranquilidad y sosiego se palpa al poner de nuevo los pies en el país. De la Kale borroka ya ni se habla y en lugar de las innumerables pancartas que antes aparecían por todas partes, ahora se puede descubrir de vez en cuando un cartel, hecho en serie y de diseño, dedicado, más que nada a los turistas. Es el que aparece al comienzo de esta entrada y que, como se puede comprobar, tiene poco que ver con las agresivas pintadas de antaño..

De todas estas cosas he podido hablar con naturalidad y libertad este verano, mientras paseaba por la playa o tomaba un zurito, con amigos vascos de todos los colores y pelajes. Eso era algo impensable en tiempos no muy lejanos. “Ya se empieza a hablar de política en el País Vasco”, se dice también este Euskobarómetro. Otra buena noticia, otra buena señal.

Nadie teme a ETA y eso ayuda a entender, quizás más que cualquier otra cosa, lo que está pasando. Las fiestas, tan importantes en la época veraniega para hacer apología del terrorismo y armar alboroto, se han desarrollado este año con tranquilidad en todas partes. No han dejado de aparecer carteles, hablo ahora de Deba que es lo que mejor conozco, pero de un tono muy diferente: la nostalgia y el recuerdo han sustituido a la amenaza y al insulto. “Agur Eta”, decía uno de ellos en el que con grandes letras se quería transmitir al mismo tiempo un patético homenaje y una despedida -esas son las dos acepciones del término Agur-.

Pienso, es naturalmente mi opinión pero para eso están los blogs, que el reciente Euskobarómetro nos da unas señales sólidas de por dónde van las cosas hoy en el País Vasco y en que orientación seguirán en los próximos años. Es más que probable que los vascos se hayan dado cuenta de que están bien como están y que ya no le interese a nadie, –lo diga o no en voz alta- poner en un peligro la estabilidad que tanto ha costado conseguir, ni – todo hay que decirlo- un Concierto Económico tan beneficioso para este país, incluido ese 30% que sigue queriendo la independencia. Con las cosas de comer no se juega.

Es posible pensar que la pulsión independentista y el cálculo económico se hayan ido moderando y modulando al ritmo de una cierta prosperidad, de una evidente y gratificante sensación de estabilidad social y política. El País Vasco seguirá siendo España, aunque me temo que siempre se mantendrán unas ciertas distancias. La ilusión engañosa. No seremos más vascos por ser menos españoles. Un año más, me siento un vasco más sin haber nacido allí. Y con más gusto todavía, por lo que veo, por lo que siento, por lo que escucho. Somos lo que hacemos y dejamos hacer y decir cada día, y no lo que dice nuestra partida de nacimiento…