Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

«El talante del hombre se adivina por la manera de llevar el bastón»

Balzac

No es una cuestión personal. No lo es porque no hablo de mí exactamente. O eso creo. Me refiero a la forma de mantener el tipo con la mayor dignidad posible cuando se llega a los ochenta. En realidad hablo de oídas, de amigos que conozco, de gente que me cuenta, de gente a la que observo. Me planteo una pregunta que, no es, me parece, un asunto baladí y por eso la traigo a este blog: ¿Qué corbata te pones cuando tienes ochenta?. Cuando tienes ochenta tacos, quiero decir, no ochenta corbatas (que también puede ser un problema, por cierto, tener tantas para elegir sólo una).

Decidí hacer un trabajo de campo. Y lo hice. Fui a tiendas especializadas para buscar respuestas. Me gusta dar un carácter práctico a estos artículos –el de la fórmula del Dry Martini tuvo un éxito espectacular y no es culpa mía si algunos se lo tomaron al pie de la letra y están pagando ahora las consecuencias-. El riesgo es mucho menor con esto de las corbatas sobre todo si tomas la precaución de preguntar a los que saben y vas, como yo fui, a tiendas “buenas”. Todos me dieron respuestas serias porque entendieron que la pregunta era seria. Todos eran especialistas en corbatas pero ninguno tenía ochenta. Con ochenta tienes libertad para ponerte lo que quieras, me decían algunos. Eso está muy bien. Suena muy bien. Pero a mí me huele un poco a chamusquina. Cuando te dan tanta libertad es que ya no te van a hacer mucho caso, creo yo.  Con ochenta a tus espaldas ya estás un poco al límite, en los márgenes, y no viene mal saberlo, pero creo yo, con todo,  que si pones un poco de empeño en el asunto puedes acabar convirtiéndote en un verdadero dandi, en el mejor de los sentidos. Eso es lo que me aconseja siempre Paco, mi sastre amigo -culto e ilustrado como saben los seguidores de este blog-  al recomendarme corbatas «clásicas». Me fio mucho de él pero dentro de unos limites: en ninguna parte está escrito que un octogenario tenga que quedarse ahí, a verlas venir, desde su corbata de lunares azules. El inmovilismo a esas edades puede ser peligroso, letal incluso si nos da por exagerar un poco. También puede ser todas esas cosas dejarse llevar por la depresión y las corbatas grises. Que todo puede ocurrir, que todo puede pasarte. Difícil será por otro lado que la tentación del «sincorbatismo» no aparezca en algún momento -ya para qué, y cosas así-, pero es evidente que no deja de tener sus riesgos por aquello de las arrugas y otras hierbas. Muchas cosas empiezan a ocurrir y a decantarse a partir de los ochenta y la   cuestión es por donde quieres ir, qué dirección vas a tomar. Es una decisión que tienes que ventilar cada mañana al levantarte. O, mejor, un poquito después, cuando ya has abandonado del todo las ansiedades y/o las ilusiones del sueño de la noche y te miras al espejo. Empieza el día y tienes que empezar a decidir. ¿Con qué corbata salgo, con qué espíritu emprendo la jornada, con qué arrestos me enfrento a las rutinas y las dificultades que pueden ir apareciendo en el camino…?.

El único propósito de esta entrada es encontrar una respuesta adecuada a esas preguntas vitales, esenciales. Una respuesta para cada día que pasa. Porque la corbata, como la vida, es una ilusión. Una verdadera ilusión que sólo sirve para seguir pedaleando como un auténtico campeón, manteniendo una figura digna de lo que quieres ser, de cómo quieres que te vean; de hacerte entender, de cómo quieres que te entiendan. Y así sucesivamente. A los ochenta tienes más arrugas, tienes poco pelo, y el que te queda es casi todo blanco. Tienes mucho pasado y una sola pregunta a la que tienes que dar respuesta cada día: ¿Qué corbata me pongo hoy? Esa es la cuestión, la verdadera cuestión, la cuestión personal que no es mía. Porque yo no he cumplido todavía ochenta: es solo una ilusión de mi familia, de mis amigos. No pasa nada, con todo, si decidís mandarme algo. Nunca viene mal. Aunque no creáis que confío mucho en estas llamadas a la generosidad: la colecta para la compra de un nuevo Smartphone cuando perdí el primero, fue un fracaso total. Recibí, eso sí  muchas adhesiones: palabras. palabras, palabras como dijo Shakespeare cuando todavía era joven ….