Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

«Cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la biblioteca es total) hay varios centenares de facsímiles imperfectos».

J. L. Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan

 

Soy uno de esos cuatrocientos millones de personas que visitan al mes Wikipedia. Me estimula y me da “vidilla” formar parte de una tribu tan numerosa, tan leída y tan bien avenida. Cada uno va a lo suyo, y lo suyo, lo de cada uno, no va en detrimento de lo de los demás. Alguno ya habrá adivinado -sin duda lo habrá hecho el profesor Linares que sabe mucho de esto- que considero a Wikipedia como un “bien común” de los tiempos modernos, un “bien común mundial” que pone a disposición de la mayoría de la población un inmenso caudal de información.

Por mi mala memoria y mis lagunas culturales debo de estar por encima de la media en el uso de Wikipedia. Sin pagar nada, sin preguntar ni molestar a nadie, aprieto una tecla y ya está. Ahora que andamos de mudanza he aprovechado para prescindir de un buen número de libros de referencia y, aunque no me ha sido fácil, he logrado finalmente endosar mis pesadas y ya inutiles enciclopedias. Hay ya pocos que las quieran y las usen de verdad. Wikipedia ha revolucionado el campo de la información y, si creemos a Jimmy Wales su fundador, esta enciclopedia universal sería algo así como la sucesora de 30 volúmenes de la Enciclopedia Británica.

Y todo gratis. Me pregunto a menudo que como puede ser esto y la respuesta que recibo es siempre la misma: la publicidad, la maldita publicidad es la que lo financia todo. Financia la estación de metro de Sol con las lagrimitas de una marca comercial, financia, como descubrí con sorpresa el otro día, la gestión del cementerio de Aranjuez; financia Internet y, como explico en un artículo reciente de ABC hasta la naturaleza está amenazada por la invasión comercial. ¿Es esto razonable? ¿No será posible hacer algo para detener esta plaga?

Hace tan solo unos días comprobé que sí, que se podía hacer algo además de enfadarse y protestar. Pagar aunque fuera poco. Andaba buscando no sé qué historia, cuando me apareció de improviso un cartelito en el que se decía, más o menos, que si quería colaborar a que Wikipedia siguiera prestando su servicio sin publicidad enviara dos euros a una determinada dirección. O sea, ¡¡que no había publicidad y que con dos euros de nada podía evitar que la hubiera!!. “A bodas me convidas” pensé, recordando lo que solía decir Adrián Piera cuando le proponían algo estimulante. Mi nieta Lucía, que andaba por allí, me hizo en un segundo la operación y me quedé más feliz que un ocho al enviar mis dos euros.

Pero ahí no paró la cosa. Como últimamente me estoy convirtiendo en un activista –a la vejez viruelas- andaba pensando en animar a mis amigos a que siguieran mis pasos cuando de pronto me asaltó una duda. ¿Y si la cosa tuviera algún truco? ¿No será el tal Jimmy Wales uno de esos gurús de Internet propietarios de islas en el Pacífico y de grandes fortunas? Pues no, en apariencia, ni Wales se ha hecho rico ni, según él mismo ha declarado, “tiene aficiones de rico”. Es cierto que podría vender Wikipedia por unos cinco mil millones de dólares. Pero no lo hace. La verdad es que no termino de entenderlo… Quizás porque ni Wales ni su invento, Wikipedia, se mueven por la lógica del mercado que me hace sospechar. Lo mismo resulta que en el mundo de Internet quien más comparte es quien más gana. Wikipedia está dando un buen servicio. Es gratuito. Y no tiene publicidad. ¡¡Que más se puede pedir!! Que sea o no sea rico Wales tampoco debería de importarnos tanto. Así que a pinchar. Aquí es donde debéis de hacerlo si os decidís a mandar los dos eurillos para que Wikipedia siga sin publicidad.

Cada uno se rasca el bolsillo con lo que más le place. Cada uno actúa según su criterio, su olfato. Quien me temo no pondrá ni un “peso”, o sí, quien sabe, es Claudia Piñeiro, la escritora argentina que acaba de publicar en El País un curioso artículo titulado “No me morí mañana”. Un anónimo había mandado la falsa noticia de su muerte futura y Wikipedia la había aceptado sin más ni más. El anonimato, su gran virtud, su principal activo, es, también, el gran talón de Aquiles del sistema virtual. Nadie puede evitar que la información y el conocimiento se vean contaminados por mentiras y falsedades, por bromas de mal gusto y malas intenciones. Aun así, sigo pensando que mis dos euros están bien empleados. Y me permito animaros a hacer hacer lo propio.