Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

 

 

Alto cielo otoñal:

¡quien pudiera cabalgar

la nube blanca

 

Haiku de Nataumo Soseki

Música de Germán Díaz

 

 

Está si es una paradoja complicada, un imposible, un auténtico oxímoron. Necesitamos ser útiles, sentirnos útiles. Pero, al mismo tiempo, la utilidad de lo que hacemos se nos queda corta, muy corta. Lo inmediatamente útil nos ayuda a vivir, o para decirlo de una forma más apropiada, nos sirve para sobrevivir. El arte no es inmediatamente útil. No sirve para comer, no de forma inmediata al menos. No nos protege de las inclemencias del tiempo… Y sin embargo no dejamos de buscar en el arte y en la vida eso que nos falta, que no tiene precio, que no nos da de comer, ni riqueza, ni refugio, pero nos da vida, ilusión, misterio.

El profesor italiano Nuccio Ordine ha escrito un Manifiesto, cuyo título es el mismo que el de esta entrada, en el que habla de todas esas cosas que aparentemente no sirven para nada pero que son absolutamente imprescindibles para los individuos y para la sociedad. El libro, publicado por Acantilado, es excelente. Es de esos libros en los que uno encuentra lo que andaba buscando y no duda en recomendar a los amigos. A estas alturas de la vida, de la mía quiero decir, tendemos creer que ya casi todo es bastante inútil pero, después de leer a Ordine, me da por pensar que no es para tanto.

Vais a ver: os pido ahora que pulséis aquí. Después, sólo después, podéis seguir esta entrada. Germán Díaz es, para mí, el ejemplo paradigmático de lo quiero decir y de lo que busca Ordine con sus pensamientos y reflexiones. Está las nubes: esto no es una metáfora, es literal. Ya lo habréis comprobado, si me habéis hecho caso. Conocí a Germán hace ya unos cuantos años. Lo invitamos a uno de nuestros Aurrulaques (¿otro gesto inútil?). Me habló de él su tío, el músico y folclorista Joaquín Díaz. Aquel día vino en un taxi desde Galicia con su zanfona a cuestas, un instrumento muy particular, a darnos su música y su mágico desvarío. Vino a mostrarnos otra forma de ver las cosas, de disfrutar del paisaje y de sus sonidos. No había dormido apenas la noche anterior pero llegó sonriente y feliz de la vida. Todo lo que tuvimos que pagarle fue el taxi.

Ahora, ya veis, organiza un congreso sobre observadores de nubes. Así, de pronto, considero que nada podría ser más adecuado, en los insensatos tiempos que corren, que este congreso imposible. Mientras nos esforzamos en complicarnos la vida cada día, hay gente que se dedica a observar las nubes. Qué sabio es mi amigo Germán. Pero no creáis que, siendo como es, no tiene los pies sobre la tierra. Sabe buscarse la vida sin dejar de ser él, sin dejar de hacer lo que realmente le gusta, lo que le da gozo y distracción. No se dedica a la venta de iphones ni de tablets, pero es un mago vendiendo “capones da capo” y “pulardas euduvigis”. No tenéis más remedio que volver a pinchar, ahora aquí, para contemplar a estas aves en plena armonía con la naturaleza y escuchando conciertos de música barroca. El maíz ecológico y el arte singular del que disfrutan hacen de ellas un bocado exquisito para artistas e intelectuales. No os lo perdáis, pinchad donde los capones y se desarrollará ante vosotros un espectáculo estética y gastronómicamente excitante.

Observa nubes, cría capones, pulardas y hace mil cosas más con sensibilidad y gracia (aquí está su web), pero Germán Díaz es sobre todo un gran músico, ilustrado y culto. Le da por decir que a los únicos que nos gusta su música es a las pulardas y mí –por ese orden- pero eso no es más que una broma divertida de las suyas. Por hablar de lo que sé, he asistido a varios conciertos de zanfona de Germán, uno en la March, lleno de un público entusiasta y retransmitido por RNE (en su web podéis encontrar mil links de mil actuaciones suyas). Es un genio reconocido por un público selecto. Él lo sabe pero no le da importancia porque tiene una forma distinta de entender la vida. Distinta de la mayoría de la gente. Germán se deja llevar por la imaginación, por sus intuiciones, por sus ensoñaciones, no por el dinero, no por el interés personal, no por la utilidad práctica.

Me produce una envidia sana su curiosa y edificante forma de buscar la felicidad y transmitírsela a los demás. Me parece a mí que Germán, en su nube, tiene más riqueza vital y más alegría de vivir que todos aquellos que nos enfangamos cada día en la pelea por lo que entendemos que es útil para nuestra vida. Porque, como dijo Epicuro y Montaigne, y seguro que algunos más, no es lo que tenemos sino lo que disfrutamos lo que constituye nuestra abundancia, lo que nos lleva a la felicidad…

Y os dejo una nana deliciosa para que no dejéis de soñar. Es algo que nos regala Germán para terminar.