Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

 

 

 “No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu falta se sienta”

 

Bob Marley.

 

 

Nos hacemos viejos, nos jubilamos, pasamos a otro nivel. Empezamos a ver las cosas de otra manera. Nos empiezan a ver de otra manera. Damos pasos cortos, tenemos mirada larga. Somos de la generación del Rey y estamos, creo yo, en mejores condiciones que nadie para entender su decisión de abdicar la Corona.

La semana pasada, pocos días antes de dejar de serlo, el Rey presidió en la Zarzuela el Patronato de la Fundación Cotec para la promoción de la innovación. Fue él quien la hizo posible y la considera con toda razón como algo “muy suyo”, algo en lo que ha puesto su empeño personal. Era lógico que quisiera despedirse. Eso pensábamos pero pronto  supimos que  no era esa su intención: “he hablado con el Príncipe”, nos dijo “y me deja seguir”. Cansado y mayor, sí, el poder, los problemas, y el paso del tiempo agotan… Hay que dar paso a la juventud. Es ley de vida. Todo eso…. Pero hay que seguir pedaleando, y es bueno que el Rey padre lo sepa y pida cancha. Es bueno para todos me parece a mi, para su hijo desde luego, pero también para el país que podrá seguir aprovechando su experiencia y su imagen en el mundo. No es fácil en cualquier caso la situación en la que el Rey voluntariamente se ha embarcado y va a exigir mucho tacto y mucha filigrana su encaje en el nuevo escenario.

Cuando algunos veteranos de su quinta nos acercarnos a saludarle   se le alegró el rostro y se le encendió la mirada: nos llamó viejos rockeros. Era a nosotros a quien se lo decía, pero creo que en el fondo se estaba retratando a sí mismo. Con todos los respetos así veo yo al Rey en estos momentos: como un viejo rockero de esos que nunca mueren pero que ha comprendido que una época ha llegado a su fin. Que lo que sirvió y fue bueno en su momento, no es que ahora sea malo es que ya no puede funcionar. Cruje por todas partes y algo o mucho debe de cambiar. El Rey ha comprendido todo eso en medio de la zozobra general y de su particular cansancio. Su decisión ha sido valiente y consecuente. Ha movido ficha y ha puesto en marcha –ese es su principal mérito- una renovación profunda del paisaje institucional del país. Es un cambio de guardia, en palabras de Varga Llosa, en un artículo reciente en El País.

El futuro es para los jóvenes. Es una obviedad. Pero mucho de ese futuro que tendrán los jóvenes de ahora estará, de alguna forma, en el pasado. Somos viejos, pesados, lentos… Pero aún tenemos cuerda para rato. La cuestión está en saber encontrar nuestro papel, nuestro lugar, la forma y el momento más adecuado para decir determinadas cosas. Y a quien decírselas… Y la paciencia necesaria para callar otras cosas. Hablar con serenidad y callar con prudencia. Seguir andando por los caminos que nos dejen y abrir otros, si podemos…. Me parece que los más veteranos estamos en la mejor tesitura para contemplar las cosas de otra manera. Podemos ser más innovadores y más revolucionarios que en nuestra juventud. Podemos serlo sin infundir temor.

El Rey ha dado el paso decisivo: un cambio necesario para la monarquía, un cambio natural para su propia vida… Y, como esos viejos rockeros que nunca mueren, sabrá dar la nota exacta allá donde “le toque” hacerlo. Lo lleva en los genes.