Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

¿SOY ECOLOGISTA?

Todos sabemos que una vida humana vale más que la vida de un pájaro, pero ¿vale más mi pequeña y triste vida que toda una especie?

J Franzen

 

Una simple frase, dejada caer sin mayor intención y quizás un poco alegremente, en mi última entrada, ha dado lugar a un debate sobre el tema de la naturaleza y de la ecología que espero haya interesado a los seguidores de este blog.

 Pranjal Raduah, el emprendedor social al que dedicaba mi escrito, me había hablado con entusiasmo y con cierta preocupación de la rica biodiversidad de la zona del nordeste de la India en la que vive y trabaja. Eso es lo que intenté trasladar al lector al decir que el escenario en el que Pranjal se movía para detener el éxodo masivo de los agricultores de su región era: “de gran belleza, pero también de gran fragilidad”. No imaginaba que esa afirmación aparentemente inocua, fuera a provocar la reacción enérgica y, al menos formalmente, airada, de un atento e inteligente lector de estos escritos: “¿Cómo que algo de la naturaleza es frágil? Nada lo es en la naturaleza”. A partir de ahí Canel, que de él se trata, hacía patente su desacuerdo con los “ecologistas” y, en general, con los que “hacen bandera de su amor por la naturaleza” y se creen con derecho a tomar decisiones para su protección. Bueno, pues lo mismo estoy yo ahí metido, pensé, o quizás no, quien sabe, porque la verdad es que no sé si soy propiamente un ecologista.

 Desde luego he hecho profesión de mi amor por la naturaleza y me posicioné claramente “A favor del Guadarrama” en un libro que publiqué hace ya algún tiempo y sigo haciéndolo en los últimos años al defender el Parque Nacional en mis artículos de ABC (él más reciente sobre el Patronato del Parque). Es decir, he tomado partido, aún sabiendo que el significado de “estar a favor del Guadarrama” no es tan obvio como pudiera parecer. ¿Quién puede estar en contra del Guadarrama?, me podría decir con toda razón Canel… En realidad, estoy a favor de una “forma” de entender, de contemplar, de vivir nuestra Sierra y creo que tengo todo el derecho del mundo a defenderla. Dejo de lado la “forma” personal, la sentimental, la de cada uno (que también es importante) y me quedo, por ahora, con una “forma” de entender el paisaje que quisiera que fuera universal, o que, al menos, tendiera a serlo. En eso sí estoy comprometido.

 Es muy probable que cuando el ministro Sánchez Bella proyectó construir un Parador de turismo en la carretera de la Republica, es decir, pegado a los Siete Picos, pensaba que hacía algo bueno por el Guadarrama. Entonces puse el grito en el cielo en el pregón que pronuncié en la fiestas de Cercedilla en 1975. Eran dos formas radicalmente diferentes de entender la relación que debemos de mantener con el entorno natural y el “desarrollo” humano.

 Afortunadamente se impuso el buen sentido y el Parador quedó en el olvido, pero no otros proyectos, relacionados, la mayoría, con el maldito ladrillo, que fueron deteriorando paulatinamente el paisaje serrano. He hecho lo que he podido para evitar algunas tropelías pero no me considero talibán ni siquiera, ya lo dije, estoy seguro de ser ecologista. Como escribió Pessoa “no tengo filosofía ni conocimientos, tengo sentidos”, y si hablo de naturaleza no es porque sepa lo que es (¿quién lo sabe?), sino porque la amo, nací en ella, la he percibido. Eso es todo, mucho en algún sentido, pero poco para discutir con seriedad y rigor de estos asuntos. Por eso he pedido a mis “maestros” que intervinieran en este debate y ahí están sus opiniones.

 Estoy de acuerdo con Canel cuando abomina de los talibanes y los inquisidores. Yo también abomino de ellos e incluso he sufrido sus intemperancias en alguna ocasión. Pero tenemos que empezar a asimilar un buen número de “verdades incómodas”. La naturaleza no es frágil, lo es el hombre y su conciencia, su mala conciencia. Debemos de protegernos de nosotros mismos. Nos va mucho en ello. Porque también somos naturaleza, parte de ella. Porque el futuro de nuestros hijos es también el nuestro, y, en ocasiones, sin darnos cuenta, lo hipotecamos malamente por falta de perspectiva. No vamos más lejos de eso. No podemos hacerlo. No te preocupes Canel, fuera de la ecología, de moda o no de moda, sí que hay salvación. Pero dentro también: la verdad es siempre la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Y en medio de las hojarascas de las ideologías y de los intereses, más allá de los árboles que no nos dejan ver el bosque, deberíamos de ser capaces de reconocer y asimilar esas “verdades incómodas” sobre el daño real que nos estamos infringiendo a nosotros mismos. Todo es cuestión de sensibilidad, de sentido común y de buena voluntad.

PRANJAL Y SUS CINCO MIL GRANJEROS

«Los emprendedores sociales no se contentan  con dar un pez, o enseñar a pescar. No descansarán hasta que hayan revolucionado la industria pesquera»

Bill Drayton

La semana pasada hemos tenido en casa a Pranjal Baruah, un joven emprendedor indio que nos ha llegado de la mano de Ashoka. Seguro que a muchos les sonará el nombre de esta organización internacional -su fundador Bill Drayton recibió en 2011 el Premio Príncipe de Asturias- que lleva años promoviendo la responsabilidad ciudadana en el ámbito empresarial y que, además de predicar, da trigo, al apoyar económicamente el trabajo y los proyectos de 3.000 emprendedores sociales en 84 países del mundo. Pranjal, mi invitado de estos días en Madrid, fue beneficiario de una de esas ayudas. Ha venido a España para dar a conocer su proyecto, pero, sobre todo, para “vender” sus resultados.

De Ashoka y de emprendedores sociales oigo hablar con frecuencia en mi familia en los últimos tiempos. Tener uno de esos emprendedores tan al alcance de la mano era una oportunidad que no podía desaprovechar. He hablado mucho con Pranjal y creo que, a pesar de que mi inglés anda ya algo oxidado –el suyo es perfecto, lo habla mejor, me dijo, que el hindí, que es otro de los dos idiomas oficiales del país- nos hemos entendido bastante bien, hasta tal punto que por primera vez creo que me he enterado de este asunto del emprendimiento social, no tan fácil de entender para la gente de mi generación.

En los tiempos en los que yo andaba metido en los asuntos del trabajo lo teníamos, o creíamos tenerlo, muy claro: “o emprendedores o sociales”. Ahora ya no es así, ahora se está abriendo paso una nueva figura de empresario, emprendedor hay que decir y no sé bien la razón, qué siendo tan dinámico, tan creativo y tan innovador como el que más, no busca fundamentalmente el beneficio económico sino, digámoslo así, el beneficio social. Hay que reconocer la valentía y probablemente la visión de futuro de estas ideas que ponen en cuestión conceptos y esquemas muy enraizados en nuestra mentalidad (la mía, la de las gentes de mi quinta). Pero el mundo cambia y nosotros con él. Hay que mantener los ojos bien abiertos para reconocer otras realidades, otras posibilidades.

En esta ocasión, no tenía que salir de casa para hacerlo. A mi lado tenía a Pranjal dispuesto a soportar el cariñoso tercer grado al que le sometí. Vive y trabaja en el estado de Assam, situado no muy lejos del Himalaya, en el nordeste de la India. Me habla con entusiasmo de la rica biodiversidad de su región: especies en extinción como el rinoceronte indio o el elefante asiático, grandes bosques tropicales de importancia capital para el equilibrio ecológico del mundo. En este escenario de gran belleza, pero también de gran fragilidad, desarrollan su actividad en condiciones cada vez más precarias 120 millones de campesinos impelidos a dejar sus formas de cultivo tradicionales y a abandonar sus hogares. Pensé que esa cifra era un error; pero no, no lo era. Las cifras en la India siempre nos descolocan: mil doscientos cuarenta millones de habitantes, 30 idiomas, 2000 dialectos, 4 religiones importantes. Me dio un dato aún más alarmante: en 2012, cerca de 9 millones de campesinos habían abandonado la agricultura en su país al quedar fuera de la dinámica del mercado.

El trabajo de Pranjal se centra en su región. Comenzó muy joven en la industria de la madera y al oír caer los arboles uno a uno pensó que las cosas no podían seguir así. El problema era al mismo tiempo medioambiental y de supervivencia. La idea del cultivo de las setas como una fuente adicional de nutrición y de renta le vino al comienzo de los ochenta y se puso inmediatamnete en marcha. Organiza a los granjeros en el nuevo cultivo y les orienta para “colarse” en el mercado. Hay que producir y vender como lo haría cualquier empresa. Cada mañana comienza todo hasta que los cimientos del edificio se van consolidando.Trabajan en una situación precaria y complicada, con pequeños productores en un terreno hostil, a menudo controlado por mercenarios y contrabandistas. Consigue crear su propia marca de champiñones y la empresa Protein Food. Ha venido a Alimentaria en Barcelona y luego ha estado en Madrid en busca de mercados para sus setas. “Soy yo y mis cinco mil granjeros”, me dice. Tengo la impresión de que he conocido a un auténtico empresario social. Pranjal no ha creado un negocio, ha creado una comunidad de vida, una empresa social.

 

 

LA TENTACIÓN DE LA INOCENCIA

“Todos los demás son culpables, salvo yo”.

Celine

 

La tentación de la inocencia está muy extendida y puede llegar a ser muy peligrosa. Dice Bruckner que, junto con el victimismo, se ha convertido en una de las patologías más acusadas del individuo contemporáneo. Tiene su raíz en la creencia de que si no infrinjo las normas básicas de la convivencia y no me siento por lo tanto culpable, soy inocente. En mis tiempos de Fundaciones tiré con frecuencia de esta tentación para explicar la actitud de aquellos que piensan que cumplidas sus obligaciones fiscales pueden olvidarse de cualquier otro deber de solidaridad y la utilicé también en mis tiempos del Guadarrama –en esos tiempos sigo todavía- para dar un tirón de orejas a aquellos que piensan que la responsabilidad de los males que aquejan a la Sierra, que son muchos, es siempre de los políticos, o de los que no firman el Acuerdo de Kioto u otros Acuerdos, o de los Ayuntamientos o de la Comunidad, es decir de los otros, siempre de los otros, da igual de quien se trate. Tendemos a ser muy exigentes, muy rigurosos, con los comportamientos de los demás y muy compresivos con los nuestros. Con más frecuencia de la debida nos dejamos llevar por esa tentación de la inocencia: no sabíamos, no podíamos… Reacción infantil que nos deja como ciudadanos incompletos, ciudadanos de segunda. Los derechos van con las obligaciones, un gran poder, como se decía en el comic de superhéroes, conlleva una gran responsabilidad.

Me venían a la cabeza estas consideraciones que tenía ya medio olvidadas, en la presentación del Informe de Energía y Sostenibilidad en España 2013 que tuvo lugar la semana pasada en la Universidad de Comillas. Las cosas no pintan bien, nos vino a decir el profesor Linares, actual vicerrector de esta Universidad: a pesar de que baja el consumo final de energía, fundamentalmente a causa de la crisis, las emisiones de CO2, la dependencia energética y los costos de suministro han aumentado. O sea, malas noticias para nuestro planeta y, sobre todo, para los humanos que lo habitamos.

En la segunda parte de la presentación, Ignacio Pérez Arriaga profesor de Comillas y del MIT, se refirió, si no le entendí mal, a la causa más inmediata de lo que estaba pasando: era la política energética del gobierno la que había producido tan indeseables resultados. Una vez más el gobierno era el culpable. Ya lo decían hace muchos años Tip y Coll: la próxima semana hablaremos del gobierno. Este gobierno y todos los gobiernos tienen poder, muchas responsabilidades, muchas culpas…. Sí, pero no todas, y no en todo, pensaba yo.

Al escuchar aquello se me volvió a encender la lucecita de alarma de la tentación de la inocencia: ¿y las empresas qué?, ¿y los ciudadanos qué? Parecía que no se les tenía en cuenta en aquel Observatorio, parecía que no interesaba lo que hacían o dejaban de hacer cuando resulta que en España las familias consumimos más del 40% de la energía y emitimos incluso más CO2. El profesor Pérez Arriaga dio recomendaciones muy bien fundadas al gobierno, pero eché de menos que nos las diera también a los ciudadanos: así lo dije en el coloquio y creo que me entendió.

Espero tener ocasión de explicarle algún día las razones de mi preocupación. Tienen que ver con la tentación de la inocencia que da título a esta entrada; porque la tendencia a la pasividad que resulta de esa peligrosa tendencia a mirar para otro lado y atribuir la culpa de todos los problemas y de todos los males a los demás, se puede ver reforzada si no recibimos señales que nos recuerden nuestras obligaciones y nuestras responsabilidades. De lo que estábamos hablando en definitiva en la universidad  de Comillas era de la conservación del planeta y es ese  un asunto que nos concierne a todos y empieza por nuestra propia casa. Leemos en un reportaje aparecido estos días en El País que el impacto del cambio climático se nota ya en todo el mundo y que si no se toman las medidas oportunas los éxodos, los conflictos y la pobreza crecerán de forma alarmante en los próximos años. Los gobiernos tienen por supuesto una gran responsabilidad ante asunto tan crucial, pero los ciudadanos no podemos quedarnos cruzados de brazos. Por eso creo que el Observatorio de Comillas y todos los observatorios nos lo tienen que hacer ver y recordar continuamente. Para que no nos olvidemos de ello, para que no caigamos en la tentación de la inocencia.