Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
“Y el Espejo le dijo al Príncipe:
Cuanto más alto sea vuestro genio
Y mayor vuestra fama
En el gran teatro del mundo
No olvidéis nunca, Señor,
Esta regla de oro de la escena:
No es el personaje quien pertenece al actor
Sino el actor al personaje”
 
Raoul Lake “Poems at the Mirror”

 

Cuando nos miramos al espejo no siempre nos reconocemos en lo que vemos. Somos lo que somos, un misterio hasta para nosotros mismos, pero también somos como nos observan los otros. A mi, en particular y para no irme más lejos en mis divagaciones, me gustaría saber como se habrá sentido el Príncipe de Asturias al ver reflejada su figura en el  artículo publicado recientemente en Der Spiegel (“El Espejo”) sobre  la monarquía española. Todo va mal, se dice en él, las encuestas, la salud  del Rey, lo de la Infanta… Todo va mal y el único que puede salvar la situación es el Príncipe. Lo dice un espejo que leen muchos alemanes y, de rebote, muchos europeos.

Imagino que no será la primera vez que le llega algo parecido. Hombres de su confianza, han podido insinuar algo así, en algún momento cuando, las cosas del Rey pintaban mal, pero esto de ahora es diferente.  Se dice en uno de los  semanarios más prestigioso e influyentes de Europa. Y eso, me da la impresión, ha tenido que hacer pensar a Don Felipe y, por supuesto, también al Rey.

Conocí al Príncipe  cuando era todavía un niño en el acto en el que le entregamos una obra escrita para él por un grupo de intelectuales españoles. El Rey dijo entonces cosas importantes y don Felipe, al lado de su madre, le escuchaba con gran atención. El comentario general a la salida de la Zarzuela fue que  era “serio y extremadamente atento”. Así lo he seguido viendo siempre en las múltiples ocasiones en las que he estado con él: serio, atento, capaz, con un acusado sentido de la responsabilidad. Sentí pronto un verdadero afecto por él y así se lo hacia saber  a mis amigos: es un gran tipo, les decía. No pensaba lo mismo Andrés Rábago, el Roto de El País: “como sabe que soy republicano se ha negado a asistir al acto en el que me han entregado el Premio Francisco Cerezedo y eso no está bien”, me comentó. Me costaba trabajo aceptar lo que me decía, se lo hice saber a Jaime Alfonsín y decidieron proponerle una entrevista con el Príncipe. No digo que saliera de la Zarzuela convertido en un monárquico convencido, tampoco se trataba de eso,  pero conseguí que me diera la razón: “un buen tipo, Antonio, sabe escuchar y me ha encantado conocerle”. Estaba seguro que sería así. He tenido oportunidad de hablar con él, con don Felipe,  de verlo crecer, de apreciar y reconocer sus gestos de preocupación y de compromiso con lo que representa, con la tarea que le corresponde y sabía que El Roto, un tipo inteligente y abierto, reconocería sus valores.

 Aunque tenga tantos derechos, y aún más, que el semanario alemán para dar mi opinión sobre si ha llegado o no el momento del relevo, no voy a hacerlo. No es ese el caso, para mí en este modesto blog. Sí que estoy de acuerdo, en que como dice Der Spiegel, el Príncipe está suficientemente preparado para llegar al trono -hace ya tiempo que lo está- y que su perfil se ajusta bien a lo que ahora necesitamos. Es el feliz emblema de esa nueva generación que está ya empezando a tomar el relevo de las riendas de muchas cosa. Incluso el hecho de que sea menos “campechano” que el Rey, como también se dice en el artículo,   pudiera ser una ventaja más. Es diferente al Rey, de otra generación, con otro estilo, con otra forma de simpatía y de acercamiento a los ciudadanos.

Debo de decir que no soy monárquico ni republicano: creo que aquí, ahora, en España, esa no es la cuestión. La cuestión es, a mi modo de ver, cómo consolidar y enriquecer lo construido sobre los  cimientos ya existentes. No se trata de reinventar la rueda, ni de descubrir de nuevo el Mediterráneo: basta con dejar que la vida se abra camino.

En “El oficio de unir”, una especie de libro de memorias, decía, y de eso  hace ya algún tiempo, que una de las tareas primordiales del Rey, en los tiempos que corren, no era hacer alardes de su recuperación sino sobre todo dar cancha al Príncipe y preparar la sucesión. Al artículo del semanario alemán no hay que darle más relevancia de la que realmente tiene. Sólo que a veces los espejos de fuera nos muestran mejor la realidad que los espejos de dentro. Y su título es tan expresivo como perentorio.