Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera
Edición de verano Edición de Verano

El viento sopla a favor de Colombia

mi patria no cae, tropieza o resbala
se pone de pie, se limpia la cara
contar esta historia

mi patria no cae, una y mil veces
tropieza o resbala
no la borres de tu mente

se pone de pie
por nuestros muertos
que cayeron vilmente

se limpia la cara

La canción de Pablo Escobar  «El patrón del mal»

 

Al entrar la semana pasada en el Casino camino del  gimnasio vi mucho policía e inusuales controles de seguridad. “Es que viene a dar una conferencia  el Presidente de Colombia”, me dijo el conserje. Un gran cartel explicaba el  tema: “Invertir en Colombia”. Si hubiera llevado corbata habría intentado sumarme al almuerzo. Colombia, por varias razones, me ha interesado desde hace mucho tiempo, pero no podía entrar así y me fui al gimnasio. Terminé cuando la gente empezaba a llegar al acto y me encontré con Emilio Gil Olmo, vicepresidente ejecutivo  de la Fundación Telefónica y buen amigo. Hablamos un momento. Le recordé que hacía ya algunos años había escrito un artículo en “El País” expresando mi admiración por la forma en la que Colombia aguantaba el tremendo cáncer de la guerrilla y el narcotráfico. Emilio compartía mi admiración por Colombia y me dijo que ya me contaría sus impresiones del debate. Al regresar a casa busqué el artículo y lo volví a leer. La verdad es que no me pareció nada mal.  Aquí incluyo, extractado, lo que me parece más relevante (pinchar aquí para el artículo completo)  

 Y, A PESAR DE TODO, VIVE COLOMBIA

Publicado en El País el 19 de junio de 1996

No pasa día sin que nos lleguen de Colombia noticias de primera página, a cual más dramática o llamativa. Siguiendo paso a paso, de sobresalto en sobresalto, las tribulaciones del presidente y de los altos cargos del Estado, las acciones cada vez más osadas de una guerrilla envalentonada, el culebrón permanente de los capos del narcotráfico, y un parte diario con más muertes violentas que en países en guerra, habría que concluir que el país está en fase terminal. Y sin embargo, no es así, (…) el país está vivo: décadas de vendavales  políticos y sociales no han  impedido que el crecimiento económico de Colombia en los últimos 20 años sea de los más altos y sostenidos de América Latina. ¿Cómo se explica una situación tan contradictoria, tan paradójica? (…). Una especie de savia vertebradora, constituyente, habrá de existir para que una sociedad  al borde del abismo, como alguien ha dicho, siga viva y con deseos de seguir viviendo.

Y es que Colombia no es sólo narcotráfico, guerrilla, catástrofes, es también una sociedad de gentes tranquilas, cordiales y generosas; que impresionan por su preparación, su calor humano y, no digamos, por la rara perfección del español que hablaban (…) Existe una  sociedad civil que, contra viento y marea, sigue  funcionando y abriéndose paso en un país que uno pudiera imaginar totalmente paralizado por la desmoralización (…)

Pero así no se puede vivir(…) no hay más remedio que retornar a la política, tan dramáticamente desacreditada, para hablar del insustituible papel de un Estado fuerte, capaz de anticipar, comprender y resolver los conflictos inherentes a la vida moderna y de respetar y hacer respetar las reglas del juego, para salir del atolladero colombiano. Sin un Estado así no hay sociedad civil que aguante durante mucho tiempo. Porque la sociedad que trata de sustituir al Estado, lo corrompe todo, y puede secar definitivamente las iniciativas que todavía riegan afortunadamente el tejido social.

Colombia necesita ahora, con urgencia, recobrar la confianza en el Estado. Y es la sociedad civil, la “buena”, la primera interesada en que esto sea así. Porque, si en condiciones tan adversas la sociedad colombiana ha logrado seguir viva…

 

Han pasado 17 años desde que se publicó este artículo. Su mensaje de fondo  tiene un valor universal: el Estado democrático debe prevalecer sobre los poderes paralelos que se establezcan al margen de la Ley. Sociedad civil y Estado democrático deben avanzar juntos, en la misma dirección…

A propósito de Colombia, ahora, 17 años después, me vuelvo a preguntar: si en condiciones tan adversas la sociedad colombiana siguió manteniendo su brío y su empuje ¡qué no podrá hacer ahora cuando el país es ya  otro! ¿Nos podemos imaginar lo que  podría llegar a ser  Colombia si esa sociedad malsana de la guerrilla y el narcotráfico se pusiera al servicio del desarrollo del país dentro de un orden democrática? Es una ilusión, una utopía… Sí, lo sé, pero podemos pensar que es posible porque ahora las cosas empiezan a ser diferentes. A fin de cuentas, como nos recordaba ayer mismo Martínez de Pisón en una fantástica -en todos los sentidos- conferencia sobre las islas, la utopía no es un lugar; es una dirección.     

El presiente Santos en el Casino habló naturalmente de economía, pero habló también, según me comentó Gil Olmo, de seguridad jurídica y de horizontes de paz. El país es ya otro. Paz y seguridad cambian el panorama. Las negociaciones con las FARC -con todos los riesgos que llevan consigo y que Santos no ocultó- permiten vislumbrar un horizonte esperanzador para Colombia y los colombianos. El Estado democrático gana terreno y la política toma el relevo de la sinrazón. Si los “activos” –que son muchos- de la sociedad colombiana se suman de forma armónica y complementaria, acabarán multiplicándose exponencialmente sus posibilidades de crecimiento social, cultural, económico. Porque Colombia, ahora, lo tiene todo para desarrollarse de acuerdo con sus verdaderas “potencialidades”. Tiene la posibilidad  cierta de vivir a favor de corriente, de las fecundas y valiosas corrientes internas de su sociedad civil. El viento sopla a favor de Colombia. Sobra ya el “a pesar de todo” de 1996.

 

 

DON FELIPE EN DER SPIEGEL

“Y el Espejo le dijo al Príncipe:
Cuanto más alto sea vuestro genio
Y mayor vuestra fama
En el gran teatro del mundo
No olvidéis nunca, Señor,
Esta regla de oro de la escena:
No es el personaje quien pertenece al actor
Sino el actor al personaje”
 
Raoul Lake “Poems at the Mirror”

 

Cuando nos miramos al espejo no siempre nos reconocemos en lo que vemos. Somos lo que somos, un misterio hasta para nosotros mismos, pero también somos como nos observan los otros. A mi, en particular y para no irme más lejos en mis divagaciones, me gustaría saber como se habrá sentido el Príncipe de Asturias al ver reflejada su figura en el  artículo publicado recientemente en Der Spiegel (“El Espejo”) sobre  la monarquía española. Todo va mal, se dice en él, las encuestas, la salud  del Rey, lo de la Infanta… Todo va mal y el único que puede salvar la situación es el Príncipe. Lo dice un espejo que leen muchos alemanes y, de rebote, muchos europeos.

Imagino que no será la primera vez que le llega algo parecido. Hombres de su confianza, han podido insinuar algo así, en algún momento cuando, las cosas del Rey pintaban mal, pero esto de ahora es diferente.  Se dice en uno de los  semanarios más prestigioso e influyentes de Europa. Y eso, me da la impresión, ha tenido que hacer pensar a Don Felipe y, por supuesto, también al Rey.

Conocí al Príncipe  cuando era todavía un niño en el acto en el que le entregamos una obra escrita para él por un grupo de intelectuales españoles. El Rey dijo entonces cosas importantes y don Felipe, al lado de su madre, le escuchaba con gran atención. El comentario general a la salida de la Zarzuela fue que  era “serio y extremadamente atento”. Así lo he seguido viendo siempre en las múltiples ocasiones en las que he estado con él: serio, atento, capaz, con un acusado sentido de la responsabilidad. Sentí pronto un verdadero afecto por él y así se lo hacia saber  a mis amigos: es un gran tipo, les decía. No pensaba lo mismo Andrés Rábago, el Roto de El País: “como sabe que soy republicano se ha negado a asistir al acto en el que me han entregado el Premio Francisco Cerezedo y eso no está bien”, me comentó. Me costaba trabajo aceptar lo que me decía, se lo hice saber a Jaime Alfonsín y decidieron proponerle una entrevista con el Príncipe. No digo que saliera de la Zarzuela convertido en un monárquico convencido, tampoco se trataba de eso,  pero conseguí que me diera la razón: “un buen tipo, Antonio, sabe escuchar y me ha encantado conocerle”. Estaba seguro que sería así. He tenido oportunidad de hablar con él, con don Felipe,  de verlo crecer, de apreciar y reconocer sus gestos de preocupación y de compromiso con lo que representa, con la tarea que le corresponde y sabía que El Roto, un tipo inteligente y abierto, reconocería sus valores.

 Aunque tenga tantos derechos, y aún más, que el semanario alemán para dar mi opinión sobre si ha llegado o no el momento del relevo, no voy a hacerlo. No es ese el caso, para mí en este modesto blog. Sí que estoy de acuerdo, en que como dice Der Spiegel, el Príncipe está suficientemente preparado para llegar al trono -hace ya tiempo que lo está- y que su perfil se ajusta bien a lo que ahora necesitamos. Es el feliz emblema de esa nueva generación que está ya empezando a tomar el relevo de las riendas de muchas cosa. Incluso el hecho de que sea menos “campechano” que el Rey, como también se dice en el artículo,   pudiera ser una ventaja más. Es diferente al Rey, de otra generación, con otro estilo, con otra forma de simpatía y de acercamiento a los ciudadanos.

Debo de decir que no soy monárquico ni republicano: creo que aquí, ahora, en España, esa no es la cuestión. La cuestión es, a mi modo de ver, cómo consolidar y enriquecer lo construido sobre los  cimientos ya existentes. No se trata de reinventar la rueda, ni de descubrir de nuevo el Mediterráneo: basta con dejar que la vida se abra camino.

En “El oficio de unir”, una especie de libro de memorias, decía, y de eso  hace ya algún tiempo, que una de las tareas primordiales del Rey, en los tiempos que corren, no era hacer alardes de su recuperación sino sobre todo dar cancha al Príncipe y preparar la sucesión. Al artículo del semanario alemán no hay que darle más relevancia de la que realmente tiene. Sólo que a veces los espejos de fuera nos muestran mejor la realidad que los espejos de dentro. Y su título es tan expresivo como perentorio.

DOÑA MANOLITA

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Joaquin Sabina

Son muchos los madrileños que, sobre todo en Navidad, hacen cola para ver si Doña Manolita les saca de apuros. Los veo, cuando paso  por Sol, pacientes e ilusionados, esperando que les llegue su turno: el de Doña Manolita y el de la fortuna. Mi gran amigo Chumy Chumez me regaló un día una viñeta suya en la que uno de los personajes, típicamente chumiciano, le decía al otro que le miraba fijamente y le  escuchaba con evidente atención: “a mi no me parece mal que haya ricos y pobres, pero que se vayan turnando”. Chumy no era nada revolucionario, -a ver si algún día me decido a contar la  historia que yo conocí de este donostiarra inteligente y solitario- así que es probable que “confiara” irónicamente en Doña Manolita para darle la vuelta a la tortilla. Al menos, por un tiempo.

Unos fiaban su suerte a una o varias papeletas, otros querían creer que esta vez sí sería la ocasión que tanto esperaban, y otros simplemente seguían el mismo ritual de todos los años. Bien está, me decía yo, que los ciudadanos confíen en la suerte improbable comprando décimos en Sol pero que lo hagan sus dirigentes es para echarse a temblar. Denota falta de ideas, falta de confianza, falta de capacidad. Una ciudad como Madrid no puede cifrar su futuro en los números de un Casino, ni dejarlo al albur de una elección improbable. Madrid, como todas las grandes ciudades, necesita sueños, sí, pero no ensoñaciones, no engaños… Madrid tiene materia prima como para no fiar toda su suerte a un sorteo.  Y eso es lo que traté de decir en mi artículo:

RECUPERAR LA ALEGRÍA DE MADRID

Según un buen amigo de Bilbao, culto y perspicaz, lo que le pasa en estos momentos a Madrid es que le falta alegría. Venir a «madrileñar», me dice, era antes una gozada. La ciudad siempre asombraba por su desparpajo, su «naturalidad» y por la impresión que uno podía tener de que era una ciudad, sin complejos ni pretensiones, segura de sí misma. No había impostura ni afectación, solo la moderna diversidad de una gran urbe. Nada menos. Ahora, se atrevió a confesarme, la veía, nos veía, desorientados y un poco alelados después del fracaso de la malhadada Eurovegas y del sueño olímpico.

Me pongo de mal humor simplemente con recordar esos proyectos «estrella» que nunca debieron de serlo. ¿Pero qué falta le hace a Madrid esa especie de lotería de Doña Manolita para recuperar su vitalidad y su alegría? Me rebelo ante la falta de imaginación, de empuje y de ambición de nuestros dirigentes.

Lo saben bien mi mujer y mis amigos más cercanos: lo que más me hubiera gustado del mundo es ser alcalde de Madrid, mejor todavía cuando no había presidente de la Comunidad —y esto que voy a decir lo pongo entre paréntesis para no llamar demasiado la atención: ¿Para qué necesitamos dos cargos que, además, no se llevan siempre bien?—; pero ya se me ha pasado el arroz.

Por eso puedo decir —sin que se me interprete mal y también sin chulerías ni alardes nacionalistas, pues Madrid nunca ha sabido nada de esas cosas— que la sociedad civil madrileña tiene en estos momentos esa vitalidad y esa energía que echa en falta mi amigo de Bilbao.

Lo que Madrid necesita no son sueños ni loterías. Sólo hace falta abrir la puerta para que fluya naturalmente lo que nuestra ciudad tiene dentro de sí. Sólo con eso, pienso yo, se recuperaría la alegría de Madrid.

AUGURIOS: llegaron las cigueñas

¡Oh tarde luminosa!
El aire está encantado.
La blanca cigüeña
dormita volando…

Antonio Machado

 

 

El pasado  1 de enero me llamó  mi hijo Ramón  para decirme que ya habían llegado las cigüeñas al nido que tenemos frente a nuestra casa de Cercedilla. Desde que la escultura que nos hizo Maojo se vino abajo por las humedades y algún temporal, el nido está ahora sobre un escueto poste. Basta y sobra para que podamos disfrutar  de “nuestras cigüeñas”, de sus garabatos como le gustaba decir a Machado, y de su crotoreo, desde el porche de la casa, sin tener que mirar al tejado o al campanario. Son “las joyas de la corona” de Los Merachos que mostramos con orgullo a nuestros visitantes. Cela, por ejemplo,  se quedó tan prendado de ellas que no tuvimos más remedio que regalarle un nido, pero su “momento de gloria” internacional, se produjo cuando celebramos en Cercedilla, hace ya no sé cuantos años, una reunión del Club de la Haya, cuyo  logotipo, lo mismo que el de la propia ciudad, es una cigüeña. Mis colegas de las fundaciones europeas se quedaron literalmente pasmados e hicieron mil fotos de aquellas “storks” que  parecían seguir nuestros debates y nos miraban complacidas. Cuando me los vuelvo a encontrar por lo único que me preguntan es por las «storks» de Cercedilla: de los debates ya ni se acuerdan.

Es por estas fechas cuando  comenzamos a estar pendientes de su llegada: lo de «por San Blas la cigüeña verás» (a principios de febrero) es ya sólo historia. Desde hace algunos años suelen volver por la Navidad y no se van hasta principios de julio cuando las crías, si las hay, empiezan ya a volar por su cuenta y dejan el nido. Según estudios del programa Migra, no todas las cigüeñas blancas se trasladan a África, y las nuestras deben de ser de esas que no se van. Mejor para nosotros porque así las tenemos más tiempo cerca.

La llegada de las cigüeñas es un buen augurio. Eso dicen. Seguro que hay otros, malos, que desconocemos… o que no queremos ver. En el fondo, cada quien ve lo que quiere ver. Dicen que hay que ser positivos, que los tiempos están ya bastante complicados para complicarlos aún más con negatividad añadida. Tienen algo de razón, sí, pero peor aún es autoengañarse y ver el cielo azul cuando en realidad está gris. No es fácil mantener el equilibrio necesario, el justo medio, cuando observamos la realidad. De todas formas, para seguir con ilusión y con ganas necesitamos algo a lo que agarrarnos: señales, augurios, deseos… Cuando se acercan  estas fechas miramos a nuestro alrededor, nos miramos a nosotros mismos, constatamos las señales del paso del tiempo, hacemos balance… Mi amigo Carlos Franz, el gran novelista chileno, nos  comenta en su  última crónica que hace doce meses se propuso no hacer más balances, pero que luego “como la memoria es infiel” se encontró, sin quererlo, tratando de hacer uno. Parece irremediable: hacemos cábalas, hacemos buenos propósitos, comprobamos que cada cosa está en su sitio, que los hijos crecen, tienen salud y trabajo, crean su propia familia. Comprobamos que los Reyes Magos existen en nuestra imaginación y, como cada año, traen regalos…  Y que las cigüeñas vuelven porque siempre han estado ahí, en nuestro prado. Esos enormes pájaros, estrafalarios, son una de  nuestras referencias familiares. Si están ahí podemos estar tranquilos. Todo se renueva. Nada nuevo bajo el sol.

Nuestra tradición tiene dichos y refranes para casi todo. Para una cosa y la contraria. Seguro que también hay señales para todo. Yo me quedo con mis cigüeñas, que ya no se van, que cada año son más nuestras. Me quedo con la seguridad que nos dan sus buenos augurios y quiero hacerselos llegar a todos los lectores de este blog, amigas y amigos a los que siento ya tan cerca de mi como las cigüeñas que anidan frente a  nuestra casa de Cercedilla.

 

 

 

 

 

 

 

EL LIBRERO QUE SE HIZO SENDERISTA

  • Aparecido en ABC el 23 diciembre 2013.

El Parque Nacional ya tiene su Guía, ya tiene quien lo escribe, bien, pero aún no tiene director

Librero y editor, Miguel Tébar se nos ha metido ahora a senderista y a escritor. Una buena decisión que no nos sorprende a los que conocíamos su pasión por la naturaleza y por el Guadarrama.

Hace ya casi cuarenta años abrió una librería en plena calle Mayor, y ahí sigue al pie del cañón, divulgando las bellezas y los vericuetos de nuestra ciudad y de nuestra Sierra. La librería se convirtió en «la Librería», una firma editorial que ha publicado ya más de quinientos títulos sobre Madrid de los que casi una veintena tratan del Guadarrama.

Ahora Miguel ha sentido la necesidad de escribir sobre la Sierra que conoció de niño. Una buena decisión que acredita madurez y buen sentido.

Los tres años que ha dedicado su tiempo libre a patear, fotografiar e interiorizar los parajes del Guadarrama han sido fructíferos: la Guía del Guadarrama que acaba de sacar a la luz es espléndida, además de ser, según creo, la primera que se publica sobre el recién estrenado (o aún sin estrenar ¡cuando se estrenará de una vez como es debido, por Dios!) Parque Nacional.

Se nota que el autor ha disfrutado mucho al escribirla. Nos lo podemos imaginar feliz y contento, recorriendo las treinta rutas de senderismo que brinda ahora a los lectores, acompañadas de minuciosas fichas técnicas y de recomendaciones del mayor interés. Seremos muchos los que seguiremos a Miguel por los pastizales, los bosques de pino silvestre, las lagunas o las cumbres, llevando en la mano esa Guía de buen tamaño y de fácil lectura que ha escrito con evidente pasión y con su pericia de librero y editor avezado.

El Parque Nacional ya tiene su Guía, ya tiene quien lo escribe, bien, pero aún no tiene director, ni un teléfono al que se pueda llamar y decir «Oiga, es ahí el Parque Nacional». ¿A qué demonios esperan? Es hora de moverse.