Allende Guadarrama

Un blog de Antonio Sáenz de Miera

We shall overcome
We shall overcome
We shall overcome some day
Oh, deep in my heart I do believe
We shall overcome some day

Joan Baez

Dudaba de si había sido solo un sueño, hasta que comprobé en Google que sí, que Joan Baez había dado un concierto en el Capitolio en 1966. El  chivato de Google me dejó tranquilo. No había sido un sueño. Yo había estado allí, entre mucha gente que llevaba velas encendidas -a eso no me atreví- cantando el We Shall Overcome que encabeza esta entrada. Emocionados, sobrecogidos… Me gusta mucho esa especie de himno y, para desesperación de mis amigos, la entono siempre que me dejan. Sabedora de ello, mi cuñada Pili me animó no hace mucho a asistir a un concierto de Joan  Baez en Madrid, pero ni ella ni yo éramos los mismos. El tiempo nos cambia aunque nos resistamos a ello.

Traigo aquí el concierto de Joan Baez porque forma parte de la beca Fulbright que  me concedieron en el año 65, y de la que hablé recientemente en una de las tertulias que organiza la Asociación Fulbright de España. La verdad es que soy un Fulbrighter poco ejerciente, pero desde que en mi libro El oficio de unir conté  la historia de «mi beca», tenía ya ganas de hablar de ello en algún  sitio, con motivo de algo.

Los buenos oficios de Agustín Guimerá consiguieron colarme en la última tertulia del año y allí estuve contando cosas como la Joan Baez y otras más serias bajo la batuta de Carlos Pereira, un tipo estupendo, a quien había conocido hacía poco en una tertulia de Peridis. Pereira es un empresario de raza,  según me dicen y, a ojos vistas, inteligente, culto y gran persona. Confesé, para entrar en materia, que gracias al Senador Fulbright y a su beca yo no había entrado en política. Y no mentía. Más o menos en el  momento en el que me la concedieron , el 31 de mayo de 1965 según reza la carta que amablemente me entregó hace unos días Alberto López  director   de la Comisión Fulbright, Antonio María Oriol era nombrado Ministro de Justicia y me ofreció un cargo en su Departamento. La excusa de la beca funcionó: yo no tenía  ninguna gana de entrar en política, y menos aún en aquel momento, y decliné amablemente el ofrecimiento del Ministro. Me iría a los Estados Unidos. Aquella decisión  fue una suerte para mi y para el país.

Pero es que, además, el programa que me organizó el Departamento de Estado fue perfecto. No solo me llevaron a la marcha protesta de Joan Baez –algo que no deja de tener  mérito- sino que hicieron todo lo que estaba en sus manos  para que conociera  a fondo el mundo de las relaciones universidad empresa en EE.UU., que es un mundo rico y fascinante. Volví entusiasmado: algo así había que hacer aquí. Sabía  que la sociedad americana era muy distinta a la española pero en aquellos tiempos nada me parecía imposible. Y algo se hizo. Tal día como hoy, hace cuarenta años, se constituía en el salón Goya del Ministerio de Educación la Fundación Universidad Empresa de Madrid. Era un logro importante que había que agradecer en última instancia al célebre Senador. Conservo cuidadosamente una foto del acto que presidió el ministro Julio Rodríguez, famoso más tarde por otras razones. Nos invitó a un café pero se despidió pronto pora asistir a un  Consejo de Ministros que nunca llegó a celebrarse. El Almirante Carrero Blanco que lo tenía que presidir había sido asesinado.

Son cosas que pasan, y luego pasan. La Fundación Universidad Empresa no había nacido en el mejor momento pero su estela sigue viva: más de cuarenta fundaciones similares en el país, el artículo 14 de la LRU, los Centros de Empleo, la investigación bajo contrato, las prácticas en las empresas… Hoy cumple su cuarenta aniversario y quiero rendir tributo a los miles de profesores y empresarios que han hecho posible su labor. Ya lo dijo en algún momento nuestro senador -“our future is not in the stars but in our own minds and hearts». Pues eso, lo mismo que decía con otras palabras Joan Baez: We shall overcome some day…